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por Pep Gimenez

Es posible que aún no te hayas dado cuenta, pero has crecido escuchando música AOR: esos largos viajes en coche con tu familia mientras en la emisora de la radio sonaban “More Than a Feeling” de Boston o “Africa” de Toto, esos anuncios de televisión que te llegaban con fuerza gracias al “Go Your Own Way” de Fleetwood Mac, ese cassette de grandes éxitos de Bon Jovi que tu hermana ponía sin parar…El AOR ha estado más presente en nuestras vidas que cualquier disco de noise rock bendecido por la prensa, y por eso es tan importante “AOR World. Un viaje por la historia del rock melódico en 200 discos” (Editorial Milenio), un excelente libro que repasa, analiza y reivindica un género musical que siempre ha estado infravalorado y maltratado. En Fahrenheit 77 hemos charlado con su autor, Sergio Guillén Barrantes, para conocer las claves y principales artistas de la música AOR:

¿Cómo nace el proyecto de dedicarle un libro a la música AOR?

Reconozco que soy un coleccionista irredento, ya desde crío mezclaba juguetes con casetes y vinilos. Mis melomanías están compartidas entre decenas de estilos musicales. Siempre he procurado que todos esos amores tuviesen su merecido espacio en mis textos como periodista musical; y a la hora de comenzar a escribir libros sobre música –también tengo un par de novelas y varios libros sobre cine editados–, igual. Eso sí, siempre me gusta aclarar que a la hora de elegir una temática o concepto para mis libros, más allá de ser estilos que me interesen, busco ideas que aún no estuviesen desarrolladas en el campo editorial. Pasó en su día con la enciclopedia Radiografía del Rock Experimental, mi primera obra; pues, aunque había fanzines y revistas que versaban sobre el rock progresivo, en el 2004 de inicio de la escritura de dicho libro –se publicó en 2006– todavía no se podían encontrar trabajos de ese tipo en castellano. Con el de Psicodelia Americana igual; y si había publicado algún estudio anterior, como pasó con el del Glam Rock, era de décadas atrás (el libro de los setenta Gay Rock del desaparecido Eduardo Haro Ibars). De similar manera con este nuevo sobre el rock melódico en todas sus catalogaciones o vertientes, obra que hace mi libro número quince.

¿Cómo definirías el AOR? Teniendo en cuenta que mucho de los grupos adscritos a esta etiqueta tienen características muy diferentes entre sí: Fleetwood Mac, Rick Springfield, Pat Benatar, Def Leppard, Chicago, Bon Jovi…

No quiero destripar a los futuros lectores la definición tan bien explicada y delimitada en todas sus variantes que hace José L. Pérez, uno de los prologuistas del libro, en su capítulo titulado “Apuntes sobre la fundación e historia del AOR y sus derivados”. Sin embargo, sí diré que debido a la tan amplia variedad de matices de la paleta sonora con la que trabaja el rock melódico, se crearon diferentes catalogaciones, etiquetas o pegatinas para poder diferenciar a unos de otros: pomp rock, hard melódico, hi-tech AOR, soft rock, scandi AOR, etcétera. En la contraportada del libro el comprador se topa de primeras con estas frases: “A mediados de los años setenta surgía en Estados Unidos un género que aunaba la melodía del pop con la energía del rock. Un género hecho para perdurar en la memoria del oyente gracias a su inmediatez y, sobre todo, a la herramienta definitiva para expandirlo en unos tiempos en los que Internet era una entelequia: la radio FM”. Son también palabras de José Luis y capturan de manera concisa lo que yo entiendo como rock melódico, lo primero que me llegó cuando yo era un crío que no sabía de etiquetas más allá de las cuatro o cinco tradicionales.

La música AOR siempre ha sido infravalorada por parte de cierta prensa musical. ¿Por qué crees que existen esos prejuicios en torno a ella?

Siempre se lo ha tachado de música demasiado sencilla, demasiado suave, demasiado floja. Se ha visto desprestigiado a la primera de cambio por ciertas plumas de la prensa musical que querían hacerse oír navegando a la contra en un momento en el que el AOR era rey. Luego, con la llegada de los años noventa, y apoyándose en otros discursos, se dedicaron a hacer leña del árbol caído. El AOR contiene las guitarras del rock, afinando su mensaje eléctrico primario, conjugadas con unos puentes y unos estribillos que capturan lo más adictivo, emocional e imperecedero del pop más trabajado, del más elegante y elocuente.

El primer disco de Boston es una de la piedras fundamentales del AOR, incluso el riff de guitarra de “Smells like a teen spirit” siempre se ha parecido al de “More than a feeling”. ¿Cuáles crees que son las razones que han hecho de ese disco uno de los más icónicos y perdurables del género?

Es que Tom Scholz era mucho Tom Scholz –y digo era en pasado pues, aunque sigue vivo, discos de los últimos tiempos como Life, Love And Hope no hacen justicia a su legado–. No hay que olvidar que Tom fue en su juventud un auténtico talento del MIT, un dotado ingeniero. Como cuento en el libro, tal era la convicción en su capacidad para crear canciones superlativas, que lo primero que hizo, mucho antes de tener contrato discográfico, fue ahorrar los suficientes dólares para montarse un estudio de grabación casero. El elepé homónimo de Boston no solamente es una de las obras clave del rock melódico, también resulta uno de los estandartes del conocido como pomp rock. Sus canciones son perfectas, pregonan ya en aquel 1976 lo que está por llegar; para mí son piezas visionarias, donde la melodía se funde en una mezcla de ideas muy certera e innovadora.

En la selección de discos sorprende la inclusión de “The Long Run” de Eagles, en lugar de “Hotel California” que, posiblemente, es su disco más emblemático. ¿Por qué has decidido incluir “The Long Run”?

Sin duda, a nivel ventas, Hotel California es la obra clave de los Eagles. Bernie Leadon, el miembro que tiraba más por las raíces fronterizas y country en las filas del grupo, había dejado recientemente la banda. Por lo tanto, Glenn Frey y Don Henley, los máximos compositores del álbum –están en los créditos de siete de las nueve canciones que conforman el vinilo–, consiguen parir un sonido totalmente reconocible con la que ya es subrayada cual corriente californiana o angelina, ese estilo de la costa oeste. Sin embargo, es en el siguiente The Long Run de 1979 el momento en que, gracias a piezas como “In The City” o la misma “The Long Run”, Eagles ejemplifican el perfecto hermanamiento entre el soft rock y el rock melódico de base.

También están incluidos discos de Rick Springfield y Cheap Trick, parece que el power pop y la música AOR siempre han congeniado muy bien. ¿Cuál podría ser la razón de esta buena relación?

Es así, por supuesto. Ya hablaba más arriba de la importancia de los estribillos del pop, del gancho de los mismos. Rick Springfield y, ante todo, Cheap Trick siempre han caminado en ese límite. Cierto es que en un disco como Lap Of Luxury (1988), los de Rick Nielsen se encajonaron más en el AOR de aquella segunda mitad de los ochenta –incluso añadiendo arreglos un tanto hi-tech al resultado final de canciones como “No Mercy” o “Space”–. Rick Springfield, por su parte, marca diferencias estilísticas gracias al salto que pega entre 1976 del disco Wait For Night, más power pop, y el siguiente Working Class Dog (1981) de composiciones rock melódicas como “Love Is Alright Tonite”, “Jessie’s Girl”, “The Light Of Love” o “Carry Me Away”.

Si Patti Smith era la reina del punk, y Debbie Harry de la New Wave, se podría decir que Pat Benatar ha acabado teniendo la misma importancia que ellas pero dentro del universo del AOR ¿No?

Pat ha sido todo un referente generacional, ante todo en Estados Unidos. Gran parte de las adolescentes norteamericanas copiaban en los ochenta su imagen, soñaban con ser ella. Algo parecido sucedió con el boom de Madonna. Benatar lo tenía todo: las canciones, la voz, la imagen, la personalidad, una banda muy capaz en la que destacaba un compositor, guitarrista y productor la mar de efectivo –su esposo Neil Giraldo–. Es incuestionable que entre 1979 y 1988 ella fue la reina absoluta. Y no hablo ya de rock melódico u otra catalogación más precisa; Pat se adueñó de la FM pop rock, donde cabían desde Michael Sembello a The Jacksons, desde Survivor a The Miami Sound Machine. Y es que no olvidemos que en los años ochenta estadounidenses una gran variedad de estilos convivían en la frecuencia modulada mainstream, desde el AOR a la fusión latino pop.

“Rumours” de Fleetwood Mac también está en la selección, además de instaurar oficialmente ese “sonido california” que hemos escuchado muchas veces en la radio FM, es uno de los discos de AOR que ha conseguido transcender la propia etiqueta. ¿Cuál crees que es el secreto de su éxito imperecedero?

Básicamente, que era un grupo de largo recorrido que había pasado por diferentes etapas y estilos, sabiendo sacar lo mejor de ellos. Comenzando cual banda de blues británico con Peter Green cual capitoste, generando tiempo después transiciones hacia el pop elegante y profundo –ya sin Green– con vinilos como Mystery To Me, hasta finalmente contratar a Lindsey Buckingham y a Stevie Nicks. Los cinco larga duración editados entre el 75 y 1987 son considerados los más comerciales de su carrera, los que se sumergen en el rock melódico, y sin embargo son los cinco más queridos… Por algo será. No todo el mundo tiene la capacidad de escribir canciones como “Rhiannon” (Fleetwood Mac), “Go Your Own Way” (Rumours), “Sara” (Tusk), “Gypsy” (Mirage) o “Seven Wonders” (Tango In The Night), por citar cinco.

Gracias al libro he descubierto un disco como “Power” de Atlantic, un excelente disco que salió publicado en 1994, precisamente en mitad del éxito de Green Day, Oasis y Offspring. ¿Cómo consiguió sobrevivir la música AOR a una época tan difícil como fueron los 90, en el cual se instauró el reinado del grunge y el rock alternativo?

Pues… no consiguiéndolo. El AOR no sobrevivió a la explosión del grunge –me refiero a la etapa que comprende los años noventa–, aunque aquello no amedrentó a algunos locos soñadores que de corazón insistían en hacer la música en la que creían, por la que habían apostado con anterioridad o con la que habían crecido. Por eso te puedes encontrar con un elepé como Power de Atlantic, pero también hallarás en aquella década a bandas de rock melódico que añaden efectistas tratamientos del rock alternativo para intentar subirse a la nueva ola. Con esto no quiero decir que se dejase de hacer AOR; pero lo cierto es que, al contrario que en el decenio anterior, los grupos de esta corriente habían perdido el total respaldo de las grandes multinacionales del disco. Poco a poco fueron naciendo sellos especializados para intentar agrupar a todos aquellos que seguían pensando en el rock melódico como en una realidad y no cual vellocino de oro inalcanzable.

¿Se puede hablar de música AOR hecha en España? ¿Qué grupos de aquí recomendarías o crees que han destacado dentro del género?

Se puede y se debe hablar de AOR hecho en España. No hay tantos ejemplos como en Estados Unidos o Escandinavia, pero podemos estar orgullosos de bandas que han grabado discos más que aplaudibles: el Angel’s Tears de Golden Farm, el homónimo de Hiroshima, el Now Or Never de Niagara, el Heading For The Surface de The Val o ese La Calle De Los Sueños Rotos de La Trampa, entre muchos otros.

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