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por Pep Gimenez

A finales de los 90 el rock no estaba muerto, pero no daba buenos síntomas de salud: aún seguíamos recogiendo del suelo el confeti desperdiciado durante la fiesta del brit pop, y todo el mundo apostaba por un futuro dominado por la música electrónica. Por si esto no fuera suficiente, además uno tenía que aguantar a grupos como Coldplay triunfando entre la juventud…

Pero entones Nueva York volvió a ser la ciudad más cool del mundo.

Durante toda una década el grunge y el brit pop mantuvieron a la ciudad más famosa del mundo fuera de los focos de atención. El rock parecía pasar de largo, y los días de esplendor con la Velvet Underground o los New York Dolls se veían ya muy lejos; aunque, a principios del nuevo milenio, una serie de bandas (y artistas, escritores, periodistas…) empezaron a revitalizar la escena musical gracias a grandes conciertos y fiestas…Y allí, en medio de todo ese movimiento eufórico, se encontraba Lizzy Goodman.

La periodista musical acaba de inmortalizar aquellos días de pura gloria neoyorkina en “Nos vemos en el baño. Renacimiento y rock and roll en Nueva York, 2001 – 2011”, un libro que nos relata la aparición, y posterior momento de gloria, de Interpol, Lcd Soundsystem, Yeah Yeah Yeahs y demás bandas que devolvieron el rock a las portadas de miles de revistas. Entre sus páginas se descubre una fascinante historia oral construida a través de los testimonios de diversos músicos y periodistas, y cuyos distintos puntos de vista acaban revelandonos una apasionante panorámica de lo que era vivir en el Nueva York de los 2000s. En realidad estamos ante la vibrante hermana pequeña de la mítica “Por favor mátame: La historia oral del Punk”, solo que aquí, en vez de tener a Dee Dee Ramone o Johnny Thunders paseando por los bajos fondos, nos encontramos a los Strokes en plena conquista mundial.

Y es que la banda que nos dio “This is It” (RCA Records , 2001) es el gran protagonista de la historia: Julian Casablancas, Nick Valensi, Albert Hammond Jr., Fabrizio Moretti y Nikolai Fraiture nos regalaron el primer gran disco del nuevo milenio, uno que recupera la esencia de la mejor música neoyorkina (sus canciones parecen haber nacido para resucitar la magia de la Velvet Underground, Television o Ramones) mezclada con una exultante jovialidad que muy pocas veces se ha visto en el indie rock. Aciertos melódicos como “Someday” o “Last Nite” enamoraron a toda una generación, y encumbraron al grupo a la categoría de nuevo salvador del rock´n´roll.

Alrededor de los Strokes orbitaron otras formaciones que también animaron la escena musical de la Gran Manzana: Interpol actualizaron el legado de Joy Division, mientras que Yeah Yeah Yeahs se convirtieron en dignos herederos de Blondie y The Rapture nos hicieron bailar con “House of Jealous Lovers”…Pero si hay dos figuras a destacar dentro de la red de historias cruzadas que es “Nos vemos en el baño”, esas son, por un lado, James Murphy: cofundador de DFA Records, líder de Lcd Soundsystem y genio musical con una personalidad algo conflictiva; y, por otro lado, un Ryan Adams que protagoniza con los Strokes una historia de amistad, desencuentros y drogas que bien merece una película propia.

El libro no solo se limita al área de Nueva York, por sus páginas también se pasean Kings Of Leon (procedentes de Nashville), los australianos The Vines, o los chicos de The Hives desatando una tormenta perfecta de rock´n´roll desde su Suecia natal. Sin embargo, es la pareja más molona de Detroit quien se lleva el protagonismo, y no nos extraña porque los White Stripes fueron el mejor grupo de su generación: Jack y Meg White, gracias a su “Elephant” (V2 /XL / Third Man, 2003), fueron capaces de competir con los Strokes por la corona de nuevo reyes del garage rock.

“Nos vemos en el baño” también brilla a la hora de documentar el cambio de mentalidad que se produjo en el mundo de la música durante el principio del nuevo siglo: internet cambió las reglas del juego, y propició todo un terremoto en la prensa musical; haciendo que el foco de interés pasará de las tradicionales publicaciones en papel a distintos blogs y web musicales. De esta forma, el crecimiento, y éxito, de bandas como The National o Vampire Weekend ha llegado a coincidir en el tiempo con la expansión de medios de comunicación (Vice, Pitchfork) cuyos contenidos se basan en una fuerte apuesta por la cultura alternativa.

Desde Fahrenheit 77 no tenemos ninguna clase de duda: si quieres saber cada detalle sobre la más reciente (¿y última?) época dorada que nos ha dado el rock, entonces “Nos vemos en el baño” es tu libro.

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