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por Guillermo Beltrán

Si hay un personaje del Universo DC al que le sentó bien la reestructuración establecida en la etapa de las Nuevas 52, sin duda ese es Aquaman. Con la nueva continuidad que surgió a partir del evento “Flashpoint”, el héroe de Atlantis pasó de ser un personaje un tanto indefinido, rayando en ocasiones lo ridículo, a convertirse en una de las piedras angulares de la editorial. El mérito de Geoff Johns residía en dotar al personaje una mayor profundidad emocional, centrando en la dualidad humana-atlante de su naturaleza el origen de unos conflictos que harán que el protagonista deba evolucionar en cada nuevo capítulo. Con este sencillo gesto, el autor consiguió desarrollar una de las series que más alegrías dio a los lectores durante los años en que las Nuevas 52 estuvieron en vigor. El nuevo estatus de Arthur Curry dentro de la editorial se vio reflejado también en la serie de la Liga de la Justicia, donde alcanzó un notable protagonismo durante los eventos narrados en “El trono de Atlantis”.

Precisamente, este “Aquaman. La muerte de un rey” recoge los hechos acontecidos justo después del enfrentamiento entre Atlantis y la superficie. Ahora, tras el encarcelamiento de Orm, hermano de Aquaman y rey de los océanos durante la guerra contra los humanos, nuestro héroe deberá sentarse en el trono de las profundidades marinas. El nuevo monarca deberá enfrentarse a la difícil tarea de reconciliar sus dos mundos, el de la tierra firme y el submarino, en un momento en el que la desconfianza entre ambos es total, al mismo tiempo que intenta ganarse la confianza y el respeto como monarca de un pueblo que todavía añora la figura de su hermano. Sin embargo, estos no serán los únicos problemas que se ciernen sobre su cabeza. Por un lado tendremos al Carroñero, un contrabandista con pocos escrúpulos, que recuperó parte del armamento perdido por las tropas atlantes durante la guerra para venderlo en el mercado negro y cuyas intenciones últimas pondrán en grave peligro a los habitantes del reino sumergido. Por otra parte, tendremos la aparición de un misterioso ser de inmenso poder que reclama su legítimo derecho al trono de Atlantis. El enfrentamiento con este enemigo sacará a la luz una serie de sorprendentes revelaciones sobre el origen de Arthur y su reino submarino, que obligarán al héroe a concretar, de una vez por todas, su compromiso como monarca y protector de los siete mares. 

Bajo esta premisa, el guionista nos muestra un Aquaman que lucha desesperadamente por no sucumbir ante la presión de la corona y los diferentes golpes que le llueven desde todas la direcciones. Para ello, deberá sacar a relucir todo su poder y liderazgo para salir victorioso de los diferentes problemas que se le presentan, en un proceso de crecimiento personal que irá moldeando poco a poco el carácter y las motivaciones que harán de Arthur un rey digno de su pueblo. Johns estructura con habilidad el relato a partir de una serie de sub-tramas que van entrelazándose de forma que la historia va ganando en suspenso e intensidad hasta alcanzar un espectacular clímax final donde convergen todos los frentes abiertos. A pesar de que el protagonismo recae en su totalidad en los hombros de Aquaman, centrando en su evolución personal el grueso de la narración, hay una serie de personajes secundarios cuya presencia resulta indispensable para el devenir de la historia. Así, el carácter complejo e intimidante de Orm ayuda a comprender la incondicional lealtad que le guardan sus antiguos súbditos; la tenacidad y su particular visión de lo “correcto” harán de Vulko, el antiguo consejero de Aquaman y verdadero responsable de los enfrentamientos narrados en “El Trono de Atlantis”, un improbable aliado en el que no sería prudente confiar; mientras que la figura de Mera sobresale como uno de los personajes femeninos más interesantes de la editorial, trascendiendo el mero interés romántico del protagonista, para mostrarse como una poderosa guerrera cuyo apoyo resultará fundamental para que nuestro héroe alcance sus objetivos. 

El aspecto gráfico corre a cargo de Paul Pelletier, quien destaca por su capacidad por reproducir ilustraciones impactantes, tanto por la espectacularidad de las escenas, como por el dinamismo de su narrativa. Destaca la cuidada representación que hace el artista de Atlantis y su tecnología, con la que consigue trasladar al lector a las profundidades del lecho marino y dota de carácter y personalidad una sociedad claramente diferenciada de la existente en la superficie. 

En definitiva, “La muerte de un rey” es un brillante volumen que, además, sirve de broche de oro a la relación de Geoff Johns con un personaje al que entendió como nadie para devolverle el esplendor que había perdido con el paso de los años.

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