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por Guillermo Beltrán

Tras la reestructuración que vivió la editorial DC y que dio inicio a la controvertida etapa denominada “Las nuevas 52”, en referencia a las cincuenta y dos series con las que re-iniciaba su universo, la figura de Superman vivía uno de sus peores momentos de popularidad. Las escuetas ventas y las malas críticas pesaron como una losa sobre la cabecera que dio tumbos a los largo de más de treinta números. Los esfuerzos de Grant Morrisson y George Pérez resultaron insuficientes para levantar la serie, así que la editorial decidió cambiar radicalmente de rumbo y contar con el guionista estrella de la casa para reflotar las historias del héroe kriptoniano. Como dibujante, Johns contaría con John Romita Jr. quien acababa de abandonar Marvel y se presentaba como el fichaje de relumbrón para la Distinguida Competencia. 

Geoff Johns plantó para el relanzamiento de la serie un retorno a los orígenes; Clark Kent vuelve a trabajar en el Daily Plantet, reaparecen personajes secundarios clásicos de Superman y el extraterrestre favorito de Metrópolis debe hacer frente a una amenaza épica y grandilocuente. La historia comienza quince años en el pasado, cuando un grupo de científicos centran sus investigaciones en la búsqueda de un mundo mejor, sin hambre ni guerras, en el que comenzar una nueva vida. Durante sus exploraciones en las diferentes dimensiones del espacio, dan con una poderosa energía que amenaza con acabar con la Tierra. Una pareja de investigadores consigue contener esta energía dentro del laboratorio pero, ante la perspectiva de su muerte inminente, deciden enviar a su hijo recién nacido al mundo más cercano a la perfección que lograron encontrar. En este nuevo mundo, el niño adquirirá poderes sobrehumanos convirtiéndolo en el protector de su planeta adoptivo, dándole el nombre de Ulises. Ya en el presente, vemos como Ulises consigue volver a la Tierra y entabla amistad con Superman, al que ayuda a solventar algunas de las amenazas que asolan Metrópolis. Mediante la relación que establecen Ulises y Clark Kent, Johns profundiza en algunos de los aspectos que definen la figura de Superman cómo héroe y su conexión con los ciudadanos comunes. Así tenemos la confrontación entre Ulises, un ser humano que trata de comprender el mundo al que pertenece pero que le resulta extraño y ajeno, y un Superman profundamente arraigado e integrado con la humanidad, que esporádicamente viste el traje de héroe para salvar el día. El guionista subraya el valor de la humanidad adquirida de Clark Kent mediante la presentación de una nueva habilidad que, una vez utilizada, vacía por completo la energía solar que lo convierte en invulnerable, teniendo que pasar un día como una persona normal sin poderes. Con esto, el escritor consigue que el lector se sienta mucho más identificado con el personaje, más cercano al hombre de a pie que hace cosas extraordinarias de sus inicios, que al héroe infalible e imbatible de las etapas más recientes. Todo ello se une a una trama de esencia clásica, donde no todo es lo que parece, llena de acción y dramatismo, dando como resultado una lectura ligera y divertida. 

En el aspecto gráfico, una vez pasado el morbo de ver a un dibujante fetiche de Marvel en una cabecera central de DC, nos encontramos con un Romita Jr. que si bien no logra el nivel de excelencia de sus dibujos de los 90’s, sí que mantiene un nivel envidiable. Con una narrativa portentosa, el artista es capaz de transmitir todo el movimiento y la tensión que demanda la historia. Los lápices del dibujante dotan a las viñetas una fluidez y una fuerza que salta de las páginas, dejando por el camino algunas ‘splash pages’ que quitan el aliento. 

Así pues, este “Superman. Los hombres del mañana” supone uno de los puntos más altos de la historia reciente del Hombre de Acero; siendo un buen reclamo para aquellos que quieran acercarse a sus aventuras más contemporáneas y que convencerá, sin duda, a los lectores más veteranos.

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