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por Guillermo Beltrán

En los días previos a la caída del muro de Berlín, un espía del MI6 es asesinado llevando encima una importantísima información; la lista con los nombres de todos los agentes encubiertos en la capital alemana. Sin embargo, cuando las autoridades encuentran el cadáver, la lista ha desaparecido. Por ello, el servicio de inteligencia británico se ve obligado a enviar a la ciudad a Lorraine Broughton, una de sus mejores agentes, para recuperar la lista antes de que su contenido salga a la luz. Bajo una identidad falsa, Broughton se sumergirá en las tramas de espionaje que dan sus últimos coletazos antes de la caída del Telón de Acero, donde las traiciones están a la orden del día y la tensión social a transformado Berlín en un polvorín a punto de estallar. Con esta premisa, el escritor Antony Johnston nos introduce en un relato al más puro estilo noir de la literatura de espías de John Le Carré o Tom Clancy. Acompañando la tortuosa investigación de la agente Broughton, seremos testigos de los peligrosos juegos de contraespionaje gestados durante la Guerra Fría, los tejemanejes entre el MI6, la CIA, el KGB y la Stasi e, incluso, descubriremos los asesinatos encubiertos por los misteriosos “Hombres de Hielo”, una peligrosa organización encargada de acabar con los infiltrados en ambos lados del Muro.

El guión de Johnston sabe repartir las dosis de suspense, para mantener en vilo al lector a lo largo del desarrollo de la historia. Con un trasfondo de tensión social a punto de estallar, el autor nos muestra una colección de personajes complejos y enigmáticos que luchan por mantener el status quo en un mundo que se derrumba. Nuestra protagonista deberá resolver un complejo rompecabezas en el que todos parecen tener cartas bajo la manga e intereses ocultos, y en el que es imposible distinguir a los aliados de los enemigos. El autor sabe construir un ambiente denso y peligroso, donde los acontecimientos van precipitándose en cada nueva página, para acabar en el apoteósico y sorprendente final que dejará anonadado al lector. Todo ello, regado con una sucesión de diálogos mordaces e inteligentes, que dibujará más de una sonrisa gracias a los afilados duelos dialécticos entre Broughton y el resto de los personajes a los que se enfrentará en esta intensa aventura.

El dibujo de Sam Hart, en un dramático blanco y negro, intensifica el toque noir de la historia planteada por Johnston, al mismo tiempo que genera la atmósfera urbana y densa del Berlín dividido. Con un estilo sobrio y abocetado, el dibujante prescinde de los detalles de manera que la importancia recae en la comprensión del mensaje y los diálogos. Así pues, encontraremos una buena cantidad de escenarios vacíos en los que solamente se destacan los elementos más emblemáticos o importantes, fondos negros para resaltar las figuras o simples siluetas que simplemente apuntan una presencia entre las sombras. Todo ello aporta al relato una pátina que recuerda al cine negro clásico, con sus potentes claroscuros y sus escenografías llenas de sombras en las que ocultarse. 

Para cuando se publiquen estas líneas, ya habrá llegado a nuestras pantallas “Atómica” (Atomic Blonde), la adaptación cinematográfica de La ciudad más fría. Tras ver únicamente el adelanto de la película protagonizada por Charlize Theron, uno se da cuenta rápidamente de que poco va a tener que ver con el tono del cómic en el que se inspira. Han pasado de un relato más cercano a “El topo” (Tinker Tailor Soldier Spy), para desarrollar una cinta de acción más cercana a “John Wick” o, siguiendo con adaptaciones de cómics, “Kingsman: Servicio secreto”. No es que eso sea malo, pero creo que han perdido una buena oportunidad de plasmar en la gran pantalla una de las mejores historias de espías surgidas del arte secuencial en los últimos años.

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