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por Guillermo Beltrán

A principios de los años 2000, los guionistas Chuck Dixon y Scott Beatty decidieron trasladar el concepto del aclamado “Batman: Año uno” de Frank Miller a otros personajes de la órbita del justiciero de Gotham. A pesar de la reticencia inicial de la editorial, acabaron viendo la luz tres series limitadas protagonizadas por Robin, Nightwing y Batgirl. En estas historias, la dupla de autores recreaban los orígenes de estos héroes, habitualmente secundarios en las aventuras del Hombre Murciélago, poniendo el foco en las motivaciones que les impulsaron a vestir las mallas en su lucha contra el crimen.

 Los escritores aprovechan esta revisión para modernizar y actualizar a los personajes, al mismo tiempo que dejan espacio a guiños y referencias sobre algunos de los momentos más importantes en la trayectoria vital de los mismos. Por esta razón, resulta especialmente interesante el acercamiento a la figura de Bárbara Gordon, no ya por lo escueto de su periplo como heroína, si no por el funesto final que le aguarda al final del camino que inicia con este volumen. Con el terrible encontronazo entre Batgirl y el Joker gestado por Alan Moore en “La broma asesina” en el horizonte, Dixon y Beatty transforman el carácter un tanto naíf de la Batgirl original en una mujer mucho más compleja y adecuada al contexto del siglo XXI. 

Así pues, en este tomo nos encontramos con una Bárbara Gordon decidida a seguir los pasos de su padre, el comisario Gordon, para convertirse en detective de la policía de Gotham. No obstante, verá como sus deseos chocarán con los convencionalismos y clichés de un estamento que minusvalora sus capacidades debido a su diminuto físico y la sobreprotección paternal de un Jim Gordon que ha visto demasiadas veces el lado oscuro del oficio y trata de evitar que Bárbara pase por las mismas experiencias. Ante esta situación, será el azar el que impuse a la pequeña Bárbara en el comienzo de su viaje como justiciera. Nuestra protagonista acude a un baile de disfraces ataviada de una versión femenina de Batman, como una simple broma para chinchar a su padre; sin embargo, el inesperado ataque de La Polilla obligará a Bárbara a pasar a la acción y defender a los inocentes de las malvadas intenciones del villano. Rápidamente, la prensa verá a la heroína como una nueva aliada de Batman, quien se opondrá a que la chica se convierta en justiciera. De todas maneras, la tozudez de Bárbara por servir a la justicia obligará al Hombre Murciélago a supervisar sus pasos para evitar que sufra accidentes y valorar sus capacidades. Será su enfrentamiento con La Polilla, un villano de segunda fila empeñado en hacerse un sitio entre los criminales más peligrosos, el que establecerá su valía como heroína, ganándose el apoyo de Batman. 

Los guionistas establecen un interesante paralelismo vital entre Batgirl y La Polilla, mostrándonos como su ambición de transcender en su profesión, acaba por colocarlos en los extremos opuestos en la lucha entre el bien y el mal; haciendo de ambos las dos caras de la misma moneda. Para ello, los autores recurren a una narración no lineal, en la que se suceden los saltos temporales que nos muestran acontecimientos que están por llegar, dejando que sea el lector el que vaya atando los cabos. Así vemos como, por un lado, La Polilla se alía con un nuevo y sanguinario villano llamado La Luciérnaga, quien le ayudará a hacerse un nombre en los bajos fondos de Gotham. Por el otro, Bárbara irá perfeccionando sus cualidades como vigilante gracias al apoyo logístico de Batman y Robin y a la tutela de Canario Negro, que ejercerá como improvisada mentora para Batgirl. Los escritores trazan con sutileza el papel de Batman en la historia, dejándolo fuera de foco, para que sea la propia Batgirl la que crezca por si misma a lo largo del relato. Asimismo, es destacable la forma en la que manejan los guiños hacia el futuro de nuestra protagonista; la complicidad con Dick Greyson (Robin), la admiración hacia Canario Negro o el peligro que entraña el Jocker, son algunos de los puntos que ayudan a conectar esta serie con la historia y la continuidad clásica del personaje. 

El aspecto gráfico corre a cargo del español Marcos Martín, logrando un resultado excepcional. Con un estilo a medio camino entre la caricatura y el clasicismo, consigue crear unas escenas llenas de dinamismo y profundidad, que se potencian gracias a una soberbia y variada elección de los encuadres. Así vemos estupendos planos cenitales, primerísimos planos cargados de emoción o encuadres desde el suelo que aportan un aspecto dramático a la secuencia. La fuerza y solidez de los lápices de Martín se complementan a la perfección con la brillantez del coloreado de Javier Rodríguez, dando como resultado un grafismo vibrante y hermoso para completar el buen trabajo de los guionistas.

En definitiva, este Batgirl. Año Uno supone un interesante acercamiento a los orígenes del personaje, al mismo tiempo que aporta una lectura amena y divertida, a la que dan ganas de volver una y otra vez.

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