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por Guillermo Beltrán

A principios de esta década, los responsables de la editorial DC decidieron que había llegado el momento de hacer borrón y cuenta nueva a la continuidad de su universo. Así, después del evento “Flashpoint”, todas las series de la editorial fueron canceladas para dar lugar a otras nuevas que comenzaran desde cero las historias de sus personajes. Este fue el inicio de la polémica etapa conocida como “The New 52”. En estas renovadas cabeceras, los guionistas, libres de las ataduras  que suponían casi 70 años de aventuras, crearon una curiosa amalgama de situaciones en las que convivían personajes que disfrutaba de un nuevo origen, con poderes y personalidades diferentes a las que ya conocíamos, con otros que apenas cambiaron y que continuaban con todo o gran parte de su bagaje anterior. El resultado final resultó un tanto irregular, desde series estupendas hasta alguna que rozaban lo infame. Entre los héroes que resultaron más beneficiados con el cambio se encontraba Aquaman; el rey de la Atlántida, que tradicionalmente había sido el héroe más desubicado de los miembros de la Liga de la Justicia, siendo incluso motivo de burla por parte de los fans por su poca relevancia y sus poderes un tanto absurdos, se convirtió de pronto en uno de los justicieros más poderosos y aclamados de esta nueva etapa. Esto ocurrió gracias al empeño del guionista Geoff Johns, quien ya había hecho lo propio con Linterna Verde y Flash, devolviendo a Hal Jordan y a Barry Allen a la vida, dando una mayor coherencia y empaque a sus trasfondos personales y a la mitología que les rodeaba.

Al año siguiente de que esta renovada puesta al día comenzara su andadura, Johns quiso dar un paso más en el proceso de engrandecimiento de Aquaman. Para entonces el nuevo contexto del paladín ya había calado entre los lectores, lo que unido a su, cada vez mayor, importancia dentro de la Liga de la Justicia, hizo inevitable el cruce de ambas series para narrar un acontecimiento que girara en torno a su figura. De esta forma se gestó “El trono de Atlantis” que ahora recoge ECC en su formato de tapa dura. El volumen comienza con la historia en dos partes titulada “El secreto de Cheetah”, que sirve, más que como introducción al evento, como forma de establecer la situación en la que se encuentran los miembros de la Liga de la Justicia. Por una parte tenemos a Superman y Wonder Woman imbuidos en una incipiente relación romántica; a Aquaman, que ha renunciado a su trono submarino en favor de su hermano para defender el mundo de la superficie, luchando con Batman por el liderazgo del grupo; y a Flash y Cyborg inmersos en la preocupación por el devenir de la Liga de la Justicia. Centrándonos en el evento propiamente dicho, la historia comienza cuando, durante unas maniobras militares, un submarino lanza por accidente unos misiles que impactan en las profundidades del océano. Este hecho es considerado por Orm, el hermano de Aquaman y actual rey de Atlantis, como un acto de guerra; lo que le lleva a tomar represalias atacando mediante inundaciones las principales ciudades de América. Pronto Aquaman reconoce en estos ataques el plan que gestó junto a su hermano para invadir la superficie, lo que provocará que nuestro héroe deba posicionarse entre el mundo que juró defender y el reino al que pertenece y del que fue monarca. La gestión de Aquaman del dilema que le provoca que sus dos universos se vean abocados al enfrentamiento, será el eje sobre el que se mueva el argumento de este arco argumental. En un primer momento tratará de evitar la lucha directa entre los superhombres de la superficie y los miembros de su especie; sin embargo esto sólo servirá para acabar por enardecer todavía más la sed de venganza de Orm, al mismo tiempo que los miembros de la JLA pierden la confianza que tenían depositada en él. A partir de ese momento se desarrollarán una serie de espectaculares acontecimientos que obligarán a todos los metahumanos y justicieros de la superficie a unir sus fuerzas para hacer frente a las terribles amenazas que surgirán del fondo del mar.

Con este argumento, el guionista pone de manifiesto varios puntos importantes en el devenir del Universo DC. Por una parte, señala como los protectores de la Tierra, acostumbrados a repeler los ataques procedentes del espacio exterior, han descuidado los peligros que se ocultan dentro del planeta mismo; para ello, muestra al ejército de Atlantis y a su líder como unos guerreros formidables con una capacidad para controlar el elemento acuático que pondrá contra las cuerdas la supervivencia de cualquier habitante terrestre. Por la otra, muestra a un Aquaman divido e indeciso que deberá tomar las riendas de la situación para evitar que la muerte y la destrucción asolen los dos mundos que ama. Este proceso psicológico que sufre el héroe afianzará su posición como un personaje importante dentro del nuevo Universo DC, al mismo tiempo que se mostrará como un ser vulnerable y con emociones con el que será muy fácil empatizar. Si bien es cierto, que el resultado final de la trama que explora “El trono de Atlantis” no llega a la altura de la excelencia que consiguió el guionista en “La noche más oscura”, donde reivindicó la entidad de Linterna Verde, sí que consigue desarrollar una historia de lo más entretenida con escenas verdaderamente espectaculares que bien merecen su lectura. Por otra parte, los acontecimientos que suceden en este tomo, a pesar de poder leerse de manera independiente, tendrán unas consecuencias vitales para el destino de la Liga de la Justicia y Aquaman, como se podrá comprobar en los posteriores números de ambas series.

El dibujo corre a cargo de Paul Pelletier, en los números correspondientes a la cabecera de Aquaman e Ivan Reis en los de la Liga de la Justicia. Ambos realizan un trabajo soberbio, pero es Reis quien se lleva la palma. El artista brasileño se luce con unas viñetas espectaculares que plasman toda la violencia y el terror que acompañan al conflicto con el pueblo de Atlantis. Con un estilo preciosista y limpio, el dibujante no escatima esfuerzos en mostrarnos escenarios escrupulosamente detallados, expresiones faciales de una gran expresividad y composiciones grupales que gozan de un gran sentido de la estructura y la disposición de las figuras. Esto último se hace especialmente evidente en las viñetas de gran tamaño y en las páginas dobles que ofrecen el sensacional dramatismo del fragor de la batalla.

Este tomo, además de proporcionarnos una de las historias más divertidas y emocionantes de la historia reciente de la Distinguida Competencia, nos ofrece la oportunidad de re-engancharnos a un personaje tradicionalmente maltratado por los fans y los autores; todo ello, gracias al empeño y la labor de un guionista decidido en colocar a Arthur Curry -alter ego de Aquaman- en el lugar que se merece.

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