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por Guillermo Beltrán

En 1986, tras los sucesos ocurridos en “Crisis en tierras infinitas”, el evento que cambiaría por completo el “status quo” del Universo DC, surgió la serie “Orígenes secretos” donde se trataba de poner al día los inicios de cada superhéroe de la editorial. En el número 32 de esta cabecera, los autores recrearon el capítulo en el que vimos por primera vez a la Liga de la Justicia de América, allá por 1962, en el cual algunos de los héroes más populares frustraban una violenta invasión de alienígenas procedentes del planeta Appellax. Diez años más tarde, el guionista Mark Waid, ya famoso por su labor al frente de colecciones como Flash, Impulso o Kingdom Come, se encargaría de retomar las andanzas de este poderoso grupo de superhombres. Su punto de partida sería, precisamente, el mismo donde lo dejó ese número 32 de “Orígenes secretos”. Tras vencer a siete extraterrestres, cada uno con el poder de una materia diferente, los protectores Flash, Linterna Verde, el Detective Marciano, Aquaman y Canario Negro deciden unificar sus fuerzas para formar un super-grupo capaz de derrotar cualquier amenaza que se cierna sobre el planeta. Sin embargo, no resultará nada fácil; las luchas de egos, los inconvenientes de compaginar la vida privada con sus obligaciones como paladines o las dificultades por encajar en un mundo que no es el suyo, serán algunos de los obstáculos que deberán superar antes de convertirse en un verdadero equipo. De fondo, una misteriosa organización criminal llamada Locus pondrá en peligro la supervivencia de la humanidad y obligará a nuestros héroes a esforzarse al máximo para poder derrotarles. 

En esta etapa, el guionista utiliza el tono y la temática propias de los primeros días del género de superheróico, con grandes dosis de humor y sentido del espectáculo; sin embargo, el verdadero interés no reside solamente en las batallas y el progresivo acoplamiento de los miembros de la JLA, sino que Waid pone la lupa en las interrelaciones entre los protagonistas, sus anhelos y esperanzas. Así vemos como el carácter prepotente de Hal Jordan (Linterna Verde) le enfrentará en ocasiones al resto de sus compañeros, como la personalidad discreta de Barry Allen (Flash) le ganará la admiración de unos compañeros que valorarán su liderazgo, o como el sentimiento de alienación de Aquaman y J’onn J’onz (Detective Marciano) les dificultará su plena integración en el equipo, hasta el punto de minar la confianza mutua. Esto hace que veamos el lado más humano de los héroes y de las personalidades que se esconden bajo las máscaras, consiguiendo que el lector empatice rápidamente con sus problemas. Otro de los aciertos del autor es la estructuración de la trama, dosificando la información que vamos recibiendo, de manera que mantiene vivo el interés capítulo a capítulo, hasta llegar al clímax final donde todo cobra sentido. Además, Waid se muestra como una auténtica enciclopedia del Universo DC, regalando referencias que, además de servir como un brillante ejercicio de nostalgia, ayudan a establecer un sentido unificador con la continuidad del Universo. Además, no duda en respaldar a nuestros protagonistas con un amplio abanico de personajes secundarios, tanto aliados como enemigos. Pasan ante nuestros ojos ilustres como Batman, Superman, Green Arrow, Atom o Solomon Grundy, así como otros menos conocidos como Los Investigadores de lo Desconocido, Clayface o La Patrulla Condenada. No todos tendrán la misma importancia en la trama, algunos simplemente pasan de puntillas, pero siempre son agradecidos.

A cargo del dibujo se encuentra el artista Barry Kitson, quien da lo mejor de sí para crear las viñetas perfectas que plasmen el ingenio y la espectacularidad del guión de Waid. El dibujante domina la narración, desarrollando unas escenas de acción de lo más dinámicas y fluidas. Kitson hace gala de un detallismo alucinante, tanto en los fondos como en las expresiones anatómicas y faciales, con el que consigue crear unas viñetas verdaderamente impactantes. Sobretodo destacan aquellas donde hay una mayor acumulación de personajes; en esos momentos el dibujantes muestra su asombrosa inteligencia a la hora de elegir el mejor plano y su extraordinaria capacidad para ofrecer un dibujo claro y contundente. El estilo de Kitson parece impregnado de cierto aire clásico, lo que hace que se integre a la perfección con el tono de la historia que nos cuenta Waid. 

Este “Liga de la Justicia: Año uno”, es un estupendo volumen que muestra todo lo que las historias de superhéroes pueden llegar a ofrecer. Marcado con una esencia a clásico instantáneo e intemporal, además de ofrecer una oportunidad inmejorable para iniciarse en el mundo creado por la Distinguida Competencia, se antoja imprescindible para todo aquel que disfrute del género por antonomasia del cómic americano.

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