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por Guillermo Beltrán

Tras los hechos acaecidos durante el evento “Cisma”, la Patrulla X se dividió en dos grupos claramente diferenciados. Por una parte, nos encontramos con el Equipo Extinción, liderado por Cíclope y formado bajo una actitud pro-activa y dispuestos a defender la especie mutante hasta las últimas consecuencias. En el otro lado del espectro se encontraba Lobezno, quien decide revitalizar el sueño de Charles Xavier fundando el Instituto Jean Gray de Enseñanza Superior. Estos dos bandos contaron con su propia serie regular, contando cada una con un tono y espíritu contrapuestos; mientras que la serie de Equipo Extinción, escrita por Kieron Gillen, apostaba por la sofisticación y la espectacularidad en sus aventuras, la serie de Lobezno y la Patrulla X mantenía un tono más liviano, optando por la diversión y la extravagancia. El equipo creativo elegido para narrar las nuevas e improbables andanzas de Logan como director de instituto estaba compuesto por el guionista Jason Aaron, que había dado el salto a Marvel tras la publicación de esa maravilla titulada “Scalped” (Image Comics/ECC Ediciones), y los dibujantes Chris Bachalo y Nick Bradshaw, quienes se irían alternando en los diferentes arcos argumentales de la serie. 

Este tomo recopila los primeros ocho números de la serie que recogen dos arcos argumentales. En el primero vemos como Lobezno, ayudado por otros mutantes clásicos como Kitty Pride, el Hombre de Hielo, la Bestia o Rachel Grey, ha restaurado la vieja mansión de Westchester y se prepara para recibir a los nuevos estudiantes en el primer día del curso. El mutante de las garras de adamántium se ve superado por la preocupación de no saber estar a la altura de su nueva posición, a lo que hay que añadir su falta de solvencia económica, una serie de peligrosos desperfectos en las instalaciones todavía por solucionar y la visita de unos inspectores educativos que se mueren de ganas de clausurar esta nueva escuela para jóvenes mutantes. Por si fuera poco, pronto surge una nueva amenaza encarnada en Kade Kilgore, el líder de una asociación que odia a los mutantes llamada El Club del Fuego Infernal, y que hará lo posible por destruir a todos los especímenes del Homo Superior. El segundo arco gira entorno al ataque que sufre la escuela por parte de El Nido, una raza de violentos y descerebrados alienígenas que llegan a la caza de uno de sus miembros que, contrario a las costumbres de El Nido, ha desarrollado compasión y no desea matar a nadie.

Con estos primeros capítulos Jason Aaron establece el tono luminoso y desinhibido de comedia adolescente que marcará la colección en sus sucesivas entregas. El autor da rienda suelta a un sentido del humor gamberro y chispeante que aligera los tradicionales dramas que siempre han caracterizado a la familia mutante, pero no olvida la importancia de desarrollar unos personajes con entidad y personalidad propia. Para empezar nos hayamos ante un Lobezno que encuentra en este nuevo Instituto Jean Gray su válvula de escape para encontrar la esperanza. En su despacho de director verá la recompensa de toda la sangre derramada, la auténtica razón de ser de la Patrulla X y su última oportunidad antes de perder el juicio y los atisbos de humanidad que quedan en él. Además, desfilarán ante nuestros ojos toda una colección de personajes, tanto viejos conocidos como nuevas aportaciones, que crecerán de la mano y resistirán juntos esa espada de Damocles que permanentemente se cierne sobre sus cabezas. Aaron no olvida una de las máximas que caracterizaron siempre a la escuela de Xavier, el peligro es inminente y mantenerse con vida en un mundo que los odia y teme será la lección más importante que aprendan los alumnos de esta particular academia. Sin embargo, entre las dosis de acción desenfrenada y la espectacularidad de las batallas, nos deja momentos para el respiro y la intranscendencia en los que observar con detenimiento las relaciones entre los diferentes grupos de alumnos, la vida dentro de las clases y las motivaciones de cada personaje. Así conoceremos al entrañable y sensible Nido, los divertidos tiras y aflojas entre el rebelde Chico Omega y Lobezno, los intentos de los profesores de salvar a un joven Apocalipsis de su funesto futuro, el desmesurado ego de Kid Gladiador o las increíbles clases de anatomía impartidas por Henry McCoy. 

Si el guión ralla a una altura sobresaliente, el apartado gráfico de la serie no se queda atrás. Tanto Bachalo como Bradshaw consiguen transmitir todo el dinamismo y la coherencia narrativa que exige la trama en cada momento. Ambos son dibujantes con estilos bastante diferenciados pero complementarios y, a pesar del vaivén de nombres en los lápices, mantienen una cierta continuidad artística. Por un lado, tenemos el siempre deslumbrante trabajo de Chris Bachalo, con un trazo potente donde la línea capta el máximo protagonismo; y un desmesurado gusto por el detallismo y el exceso. Por el otro, el estilo claro de Bradshaw, capaz de crear escenas llenas de tensión y emoción con muy pocos recursos, al mismo tiempo que construye las más espectaculares secuencias de acción.

En este volumen nos encontramos con el inicio perfecto para una serie que mantiene el equilibrio perfecto entre la emotividad y la irreverencia, el espectáculo desbocado y el retrato en profundidad de unos personajes que, a pesar de sus inseguridades y contradicciones, seguimos amando.

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