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por Guillermo Beltrán

En 1982, Chris Claremont y Frank Miller se habían convertido en los guionistas más rentables para Marvel. El primero llevaba un lustro al frente de la colección de la Patrulla X, a la que había resucitado de una cancelación inminente, dando renovados bríos a las aventuras de los mutantes liderados por el profesor Xavier. Miller, por aquel entonces una jóven promesa, había hecho lo propio con la cabecera protagonizada por Daredevil que, hasta su llegada, vivía una época de escasa repercusión artística y comercial. Ese año, a la vuelta de la Cómic Con de San Diego, ambos autores quedaron varados juntos en un atasco monumental. De las conversaciones que surgieron mientas estaban atrapados en el coche, surgió la colaboración que re-definiría para siempre la imagen y el trasfondo de Lobezno. Hasta ese momento, el mutante de las garras de adamantium era poco más que un personaje primitivo con permanentes deseos de degollar a todo el que se encontrara en su camino, ya fuera amigo o enemigo. A pesar de que este carácter le había llevado a ser uno de los personajes favoritos para los fans, ambos autores estaban de acuerdo en que Logan debía mostrar más profundidad emocional ante el riesgo de que se convirtiera en una mera caricatura. Así nació la miniserie de cuatro números que recoge este tomo “Lobezno: Honor”. En estos capítulos, el dúo imaginaban a Logan como un samurái fallido, alguien que quiere mantener el control y vivir bajo un riguroso código del honor, pero que se ve arrastrado por su naturaleza salvaje. A partir de este momento, y para el resto de autores que continuarían posteriormente con las aventuras del mutante, Lobezno cobraría una nueva dimensión; dejaría de ser un elemento unidimensional, para convertirse en ese personaje ambiguo y complejo que tanto queremos. 

La primera aventura en solitario de Lobezno nos traslada a Japón, con nuestro protagonista en busca de Mariko Yahida, una antigua amante que sin previo aviso ha dejado de contestar sus misivas. Al llegar a Tokio, nuestro héroe se encuentra con que su amada está casada con un hombre que la maltrata, pero al que debe obedecer obligada por su padre y el respeto a las tradiciones de la sociedad nipona. Logan deberá mostrar que es digno del amor de Mariko, pero el padre de esta, un alto cargo de la Yakuza que quiere hacerse con el control del crimen organizado japonés, hará todo lo posible para que el mutante no interceda en sus planes. Para ello, se servirá del clan de ninjas de La Mano y de la asesina Yukio, con la que desarrollará una interesante relación de amor-odio que llevará a Logan desde el pozo de la deshonra a la redención final. Con esta historia, los autores nos muestran una contraposición entre los valores tradicionales de la cultura japonesa, haciendo hincapié en el sacrificio que conlleva el honor y su obligación, y el contexto occidental en el que transcurren habitualmente las aventuras de los hombres X. Así pues, el principal escollo al que deberá enfrentarse nuestro héroe será sobreponerse a su condición de gaiyin e intentar estar a la altura de los valores que rigen la vida de Mariko, al mismo tiempo que debe vencer a los enemigos que intentan acabar con él. Es precisamente esa búsqueda del equilibrio entre el deber y la violencia la que consigue que el guión desarrollado en “Lobezno: Honor” tenga una sensibilidad especial, llena de matices y capas, para dotar al personaje de una personalidad nunca vista hasta el momento. 

El dibujo de Frank Miller se muestra a la altura de las circunstancias, ofreciendo escenas de gran carga dramática, pero también secuencias de acción desenfrenada. Con una narrativa ágil y enérgica, el dibujante consigue que mantengamos los ojos pegados a las viñetas en todo momento. Miller nos regala alguna de las secuencias de combate más apoteósicas y expeditivas vistas en La Casa de las Ideas, sin cejar en el empeño de mostrar el lado más emotivo y frágil del carácter de Logan y su lucha interior. Es notable la libertad y la diversión con el que el artista ha afrontado cada una de las viñetas; en especial las composiciones para los duelos entre katanas y los enfrentamientos con La Mano, consiguiendo así uno de sus mejores trabajos a los lápices. 

En definitiva, este “Lobezno: Honor” es una obra imprescindible; el reflejo del talento de dos gigantes del cómic americano en su mejor momento creativo, al servicio de uno de los personajes más carismáticos e importantes del Universo Marvel.

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