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por Guillermo Beltrán

En su colección “Grandes autores de Batman”, la editorial ECC recupera de forma excepcional las historias que el genial guionista y dibujante Paul Pope dedicó al “mejor detective del mundo”. Se tratan de una serie de relatos fuera de la continuidad del Universo DC, pero que sin duda se encuentran entre las propuestas más interesantes de la infinidad de versiones alternativas que se han escrito sobre la figura del justiciero de Gotham. 

En primer lugar nos encontramos con el relato que le da título, una serie limitada de cuatro partes que nos sitúa en un distópico futuro fechado en el 2039, año en el que el personaje cumpliría un siglo de existencia. En este momento, el país está sometido por un férreo régimen policial, en el que no existe la intimidad o el anonimato, los ciudadanos viven sumidos en el miedo y las fuerzas del orden hacen y deshacen a su antojo, gracias a toda clase de abusos. De repente, una misteriosa figura huye corriendo por los tejados de la ciudad de Gotham, perseguido por los perros de los agentes federales que lo acusan de haber asesinado a uno de los suyos. Los policías no dan crédito ante el derroche de velocidad y fuerza de este enigmático enmascarado, capaz de dar saltos de más de seis metros entre edificios o acabar el solo con todo un comando de agentes de la ley, antes de desvanecerse entre las sombras. El forajido sólo deja tras de sí una imagen borrosa que muestra algo imposible en un mundo en el que el concepto de héroe ya no existe; Batman, considerado únicamente como una leyenda de las calles de Gotham, ha vuelto a la acción. Sin registros o documentos que aporten pruebas sobre la identidad de Batman o, incluso, su mera existencia, los agentes del gobierno tendrán que recurrir a la ayuda de las fuerzas locales capitaneadas por Jim Gordon, nieto del célebre comisario. Sin embargo, el Capitán Gordon tendrá serias dudas de los verdaderos intereses que planean en torno a todo el asunto, que se harán más pronunciadas a medida que profundice en la figura del hombre murciélago y en los datos que sobre él guardaba su abuelo. Por su parte, Batman también sospecha que algo oscuro se mueve entre las altas esferas del gobierno, lo que le lleva a emprender su propia indagación. Con la ayuda de Robin, la doctora Goss y la hija de ésta, únicas tres personas que realmente conocen su identidad, las pesquisas de Batman le conducirán al descubrimiento de un virus mortal creado con el fin de diezmar la población. 

En este relato nos encontramos con un Batman que, sufriendo una notable desventaja tecnológica respecto a los policías que le persiguen, profundiza en el aspecto psicológico para infundir verdadero terror entre sus enemigos. Ya no son los artefactos imposibles o las alucinantes maquinarias las que salvan la situación, sino que es el uso de elementos más prosaicos como bombas de humo o dentaduras postizas de aspecto dantesco, el que le confiere un áurea casi sobrehumana, contrarrestando así el avanzado armamento de los cuerpos policiales. Asimismo, el diseño del personaje hace hincapié en ese aspecto espeluznante, gracias a un traje de corte clásico, pero plagado de costuras y cordones que le dan un toque crudo y realista, así como una capa de amplios vuelos que aporta una imagen grotesca y un gran dinamismo al personaje. Este ambiente de intriga y misterio también tiñe la atmósfera general del relato, gracias a unos escenarios donde las sombras acaparan todo el protagonismo y a unos antagonistas pérfidos y malvados que pondrán toda la carne en el asador con el fin de conseguir sus maquiavélicos fines y acabar para siempre con el heroico justiciero. De la misma manera, el dibujo feísta a la par que elegante que nos ofrece Pope, impone un vertiginoso ritmo visual que sienta a las mil maravillas tanto al tono como a la acción que nos propone el guión. Con su característico estilo underground, en el que combina de forma sensacional la intensidad del primigenio Jack Kirby, la fuerza de la narrativa japonesa y la delicadeza del cómic europeo, el autor nos presenta un auténtico espectáculo visual que le permite plasmar con rotundidad un Batman especialmente físico y duro. 

El tomo también incluye las historias “El Batman de Berlín”, donde se plantea qué habría pasado si Batman hubiera surgido en el Berlín de 1939, bajo la dictadura nazi; “Compañero adolescente”, un breve relato protagonizado por Robin en el que nos muestra sus aspiraciones y motivaciones como super-héroe; y “Nariz rota”, un capítulo perteneciente a la colección “Batman: Black & White”. Como complemento, encontramos una gran cantidad de extras que van desde una serie de “archivos secretos” que completan la historia narrada en “Año 100”, hasta una gran selección de bocetos y estudios de personajes, así como esclarecedores comentarios del autor sobre la gestación de la obra. Por todo ello y, a pesar de que “Año 100” fue publicado hace poco en rústica y formato de bolsillo, esta nueva edición en tapa dura se antoja imprescindible para degustar como se merece una obra considerada ya como un clásico atemporal del Hombre Murciélago.

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