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por Guillermo Beltrán

Roscoe es un joven nacido y criado en Detroit que tiene un sueño; ganar el suficiente dinero para abandonar su empobrecida ciudad, a poder ser en un Corvette Stingray azul, y mudarse a California con su hermosa novia Rosa. Pero claro, la vida en la Ciudad del Motor no es para nada fácil y para hacer realidad sus fantasías Roscoe ha elegido el mal camino, algo que le llevará irremediablemente a dar con sus huesos en la cárcel. Durante su estancia a la sombra caerán en sus manos una misteriosa droga llamada MPH que confiere al que la consume una velocidad sobrehumana, de tal manera que todo lo que está a su alrededor parece que se ha quedado congelado. Cuando Roscoe toma una de esas pastillas y nota sus efectos, ve ante si un nuevo mundo de posibilidades que le permitirán conseguir todo aquello que siempre ha anhelado; así que escapa de la cárcel y junto con su mejor amigo, su novia y el hermano de ésta, se dedican ha vivir la vida que siempre se les había negado. Comienzan a desvalijar bancos y a robar a aquellas personas que consideran culpables de la desesperada situación en la que ha caído su ciudad, lo que les hace ganarse el favor de la ciudadanía pero también les pone en la mirilla de todas las fuerzas policiales de EEUU. A partir de ahí se sucede una vertiginosa persecución a lo largo de todo el país, en la que veremos como la unión entre este grupo de modernos Robin Hood se va resquebrajando poco a poco, a medida en que las ambiciones y los cargos de conciencia van saliendo a la luz. 

Bajo esta premisa, el guionista Mark Millar (Kick Ass, Civil War, Kingsman: Servicio Secreto) nos muestra una historia llena de acción y aventuras que le permite reflexionar sobre las consecuencias que llevan nuestros actos, la importancia real de las propiedades materiales o las responsabilidades que conlleva tener un gran poder (¿Dónde oí esto?). El relato funciona como un reloj, aumentando en cada número el grado de emoción y manteniendo la dosis justa de misterio y suspenso hasta el sorprendente giro final. A medida que avanzamos las páginas, los dilemas morales, las insatisfacciones o las traiciones van aumentando en volumen e intensidad. Millar nos presenta una serie de personajes de gran profundidad psicológica y con personalidades fuertemente diferenciadas que iremos descubriendo poco a poco, estableciendo una serie de hitos en la narración que nos mostrarán todas las motivaciones que mueven a cada uno de los protagonistas. El autor utiliza con maestría la contraposición entre el contexto social de las clases bajas de Estados Unidos, en el que han crecido nuestros protagonistas, y el de las castas económicamente más dotadas, con lo que consigue que el lector sienta una cierta simpatía con estos ladrones y se plantee si no haría lo mismo de estar en esa situación.

El dibujo corre a cargo de Duncan Fegredo (Hellboy, Enigma) y la verdad es que su elección no podría ser más acertada. Con un trazo sobrio y limpio, Fegredo consigue crear unas viñetas llenas de dinamismo, transmitiendo a la perfección la sensación de velocidad que la historia requiere, y regalando en ocasiones páginas de una espectacularidad apabullante. El trabajo con el color, las sombras y el cuidado en los detalles es asombroso, encajando como un guante en el relato sugerido por Millar. 

MPH es un tomo muy recomendable, que garantizará diversión y entretenimiento a todo aquel que ponga los ojos sobre sus páginas, ya sea admirador del trabajo previo de Mark Millar o neófito en la obra de uno de los más grandes narradores del cómic americano en los últimos años.

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