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por Jorge de Frutos

Acid Mothers Temple & The Melting Paraiso U.F.O. es el nombre completo de la formación generada por “Soul Collective”, una alianza demente  liderada por el guitarrista japonés Kawabata Makoto en cuya órbita giran más de treinta excéntricos personajes entre artistas conceptuales, músicos de vanguardia y charlatanes alucinados. La formación de Acid Mothers Temple en 1995 permitió a Kawabata de una vez por todas dar salida a sus obsesiones musicales: el hard rock pesado de bandas como Blue Cheer o Hawkwind, la electrónica avant-garde y -la aportación de su futuro compañero Tsuyama Atsushi– el folk psicodélico que se practicaba en Francia o Gran Bretaña.

Obviamente con esos planteamientos hay algo de anacrónico no sólo en el sonido sino también en la filosofía vital de esta tribu en perpetuo movimiento. “Uno de los miembros de lo que llamamos el Acid Mothers Soul Collective es granjero. Otro no ha parado de viajar a través del desierto de Australia y ha vivido con los aborígenes, otros suelen estar perdidos en India. Un tercero formaba parte de la mafia Yakuza hasta que dejó aquello para atravesar Japón en busca de sirenas. Respetamos profundamente las vidas del resto e intentamos no menospreciar al resto de miembros del colectivo. Los miembros de Acid Mothers Temple tenemos casas a lo largo y ancho de Japón y contamos con la libertad para ir y venir. Así que no se puede decir que seamos una comuna en el estricto sentido de la palabra, a la manera de las bandas hippies de los 70, todos viviendo en el mismo espacio. Nuestro eslogan es sencillo: ‘Si quieres hacer algo, no te detengas’. El resultado de esa filosofía es que hemos perdido dinero y concebimos la sociedad como un todo, pero somos ricos en tiempo y libertad”.

“Univers Zen ou de Zéro à Zéro” (2002) señaló un punto importante a la hora de imprimir un giro a su búsqueda sonora en estudio: en la voz y los sintetizadores encontramos la impronta de Coltton Casino, Mady Gula incendia el órgano y contribuye a enturbiar todavía más las siniestras atmósferas del disco con vocalizaciones propias de una estudiante balbuceante, perdida en un viaje de ácido; mientras, el pirotécnico bajo de Atsushi Tsuyama, unido a la devastadora percusión de Hajime Koizumi, conspira a la hora de pintar un paisaje de tintes lisérgicos azotado por una tormenta rítmica. Los arrebatos “freakout” de la guitarra pertenecen al lunático Hiroshi Higashi; el que tiempo atrás fuera un heremita en las montañas de Japón, convoca una tormenta deudora de los desatinos de Jimi Hendrix que tiene su centro en Makoto, el líder indiscutible de esta banda de exaltados.

Pero no pensemos que nos vamos a encontrar con un caos sin sentido, las composiciones de Acid Mothers Temple muestran una inteligente síntesis de todo lo que ha ocurrido en el rock durante más de cuarenta años, escenificando una comunión febril entre la música electrónica de Karlheinz Stockhausen y el hard-rock de los años 70. Un mezcla que correría el riesgo de resultar insalubre pero que milagrosamente adquiere coherencia gracias a una enfermedad melómana sin prejuicios en la que también confluyen la música cósmica (Klaus Schulze, Tangerine Dream) y el krautrock (Amon Duul, Faust). Un minimalismo hipnótico que levita sobre las notas de Terry Riley y se abre paso sobre el seísmo progresivo de Magma o bucea por las bizarras atmósferas psicodélicas de los anglo-franceses Gong (Makoto y Cotton Casino acompañaron a Daevid Allen en una gira por los Estados Unidos). Por todo ello son, junto con Ruins, una de las formaciones más sugerentes y atrevidas de la música independiente japonesa. Desbarre rock como pocas veces habrás visto.

16 Toneladas Rock Club (C/ Ricardo Micó, 3). Fecha: 9 de octubre. Apertura de puertas: 20:00h. Entrada anticipada: 9€, entrada taquilla: 12€.

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