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por Guillermo Beltrán

La editorial Milky Way Ediciones nos trae la última creación de Hiroya Oku, el que fuera autor de la exitosa saga Gantz. Como en aquella, Oku nos presenta un magistral ejercicio de ciencia ficción con buenas dosis de acción y sorprendentes giros de guión; pero en esta ocasión parece más liberado de todos los corsés que pudieran depararle una publicación orientada al público juvenil. Con una orientación claramente adulta e instaurado como un autor de fama y calidad contrastada, Hiroya Oky sube varios peldaños en la escala de riesgo desde la propia elección del protagonista. Así en este primer volumen de Last Hero Inuyashiki nos encontramos nos encontramos con Ichiro, un hombre de 58 años, aunque aparenta pertenecer a la tercera edad, que vive una vida bastante rutinaria; atrapado en un gris empleo de oficinista, con poco salario, casado con una mujer que no le tiene mucho en cuenta y padre de dos hijos adolescentes que directamente le desprecian. Para colmar el vaso de las desgracias, en un chequeo médico rutinario al pobre Inuyashiki le detectan un cáncer terminal. Sumido en la desesperación y sin poder contar con el apoyo de su familia, el bueno de Ichiro sólo encuentra cariño en su perro Hanako, el único ser vivo que le quiere y le aprecia sin esperar nada a cambio. Una noche, en uno de esos paseos por el parque que comparte con Hanako, nuestro protagonista se ve deslumbrado por una luz cegadora que se dirige hacia él; ¡es el fulgor de una nave extraterrestre que le aterriza encima! Cuando despierta, Inuyashiki ya no es el mismo, ha sido reconstruido como una gran máquina de matar.

Bajo esta interesante premisa, el autor nos presenta una obra que, en sus primeros movimientos, muestra hechuras de corte costumbrista, con un tono lacónico y anodino, que parecen encaminadas a plasmar una crítica hacia la sociedad japonesa y a una parte de la juventud de aquel país. En esta fase introductoria vemos como, tras ahorrar durante años, Ichiro y su mujer comprar una nueva casa; una modesta construcción que no colma las aspiraciones de unos hijos que le tratan con desprecio y condescendencia, casi como si les diera vergüenza pertenecer a la clase media y tener un progenitor tan avejentado. Uno no tarda demasiado en empatizar con el pobre hombre para detestar a esa familia desagradecida y también a la sociedad que lo trata a palos mientras se ríe y se aprovecha de él. El relato mantiene esa falsa sensación de lentitud hasta que llega el enorme suceso con el que cambia por completo el tono de la serie. Tras el accidente en el parque que acabaría con la vida de Inuyashiki y de otro adolescente que pasaba por ahí (y cuya importancia parece que será capital más adelante), los miembros de la nave deciden devolver a la vida a ambos, manteniendo sus recuerdos pero reconstruyendo sus cuerpos con piezas más propias del armamento militar. A partir de aquí, veremos como nuestro héroe va descubriendo poco a poco estos cambios que ha sufrido, así como su decisión de utilizar sus mejoras para hacer del mundo un lugar mejor; empezando por dar una lección a un grupo de estudiantes pijos que se divertían grabándose mientras apaleaban a indigentes.

El apartado artístico de Last Hero Inuyashiki es absolutamente impecable. Con un trazo limpio y un marcado gusto por los detalles, Hiroya consigue que las escenas de acción sean vibrantes y sorprendentes, mientas que los pasajes más cotidianos están llenos de una extraña belleza que absorbe por completo la atención del lector. El autor consigue transmitir un gran abanico de emociones incluso en aquellas escenas en las que el protagonista permanece en silencio, gracias a la gran fuerza que destilan sus lápices y a una trama atrayente como pocas.

En definitiva, este primer volumen supone un arranque muy prometedor para una serie que promete grandes dosis de acción, intriga y ciencia ficción. Habrá que estar atentos a los siguientes volúmenes, pues Last Hero Inuyashiki tiene pinta de ser una de las sensaciones de la temporada.

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