Batman_Vampiro

por Guillermo Beltrán

A finales de los años 80’s DC Cómics lanzó la línea editorial “Otros mundos” para dar cabida a una serie de historias que ocurrían al margen de la continuidad de los personajes, siguiendo el camino marcado por los “What If…?” que Marvel ya había inaugurado una década antes. En este universo alternativo los autores gozaban de libertad absoluta para narrar unas aventuras que serían imposibles dentro del canon de las diferentes colecciones. Los resultados fueron un tanto irregulares, ya que la calidad de estos relatos transitaban con demasiada frecuencia de lo magistral a lo mediocre. De entre las mejores, destacaban con luz propia los números firmados por Doug Moench, un guionista formado en el cómic de terror, y el dibujante Kelley Jones, para la serie Batman: Vampiro que ahora recopila ECC Ediciones en un magnífico tomo de tapa dura y papel de gran calidad. 

En esta historia, publicada originalmente en 1991, Moench y Jones imaginan a lo largo de tres episodios cómo sería el enfrentamiento entre Batman y el conde Drácula. Para ello, se alejan conscientemente del aspecto habitual del cómic de super-héroes, ofreciendo una óptica muy oscura y gótica, incluso para los estándares del Hombre Murciélago. Así, nos encontramos con un diseño inspirado en el de las gárgolas medievales, con larguísimas orejas puntiagudas, capas con infinitos pliegues, rasgos caricaturizados y proporciones exageradas, que dota al conjunto de un aspecto dramático y monstruoso. 

“Lluvia roja” es el capítulo que supone el primer encuentro entre Batman y el Príncipe de las tinieblas. En este relato, Batman empieza a investigar los asesinatos de unos indigentes y prostitutas que aparecen desangrados y con la garganta destrozada. Esta investigación llevará a Bruce Wayne a dar con un grupo de vampiros liderados por Drácula, al mismo tiempo que sufre extrañas pesadillas y adquiere una fuerza extraordinaria luego de recibir la mordedura de la misteriosa Tanya, una vampiro renegada que junto con otros como ella, también persigue al poderoso monstruo. Le sigue “Tormenta de sangre”, donde vemos a un Batman completamente transformado en vampiro que lucha contra la sed de sangre que le invade debido a su nueva condición. El villano en esta ocasión es el Joker quien, al frente de una banda de vampiros sobrevivientes del anterior enfrentamiento con Batman, consigue hacerse con el control del mundo criminal de Gotham. También nos encontramos con Selina Kyle, la cual es mordida con un licántropo, adquiriendo así unas habilidades y un aspecto sobrenatural. Este capítulo ahonda en las terribles consecuencias que tiene para Wayne el convertirse en vampiro y sus intentos para frenar los instintos que irremediablemente le conducirán a arrebatar vidas inocentes. “Niebla carmesí” cierra la trilogía con la narración de como, ante la ausencia de Batman, que duerme el sueño eterno con una estaca clavada en el corazón, los super-villanos han aprovechado para hacerse con el control de la ciudad sin que las fuerzas del orden puedan hacer nada para evitarlo. Viendo el caos que asola Gotham, Alfred considera que únicamente Batman es capaz de hacer frente a esta plaga de criminales, devolviéndole a la vida. Sin embargo, el Bruce Wayne que despierta está demasiado corrompido por el mal y la sed de sangre, lo que le lleva a desatar una auténtica carnicería en su batalla por salvar la ciudad. En este número, los autores dan se olvidan de todas la limitaciones formales para dar vida a un Batman monstruoso y corrompido que no duda en matar a todos los enemigos que se encuentra, dando como resultado un capítulo lleno de violencia y terror, donde la sangre corre a borbotones. 

A lo largo de estos tres episodios, el guión de Moench transita con habilidad entre las escenas de acción trepidante y los momentos más introspectivos. Desarrolla con maestría el retrato psicológico de unos personajes en los que vemos representados los más bajos impulsos del ser humano. El autor alcanza las cotas más altas cuando nos muestra, encarnada en la figura de Bruce Wayne, la desigual pero inevitable batalla entre el deseo y la responsabilidad; creando así las escenas de mayor carga dramática. Igualmente destacado es el trabajo de Jones a los lápices, ya que consigue crear una atmósfera densa e insana que da una gran profundidad y dinamismo a la acción y refuerza los aspectos más terroríficos de la misma. Destaca sobremanera el diseño de ese Batman totalmente carcomido por el mal, grotesco y desfigurado; que se ha convertido ya en una imagen icónica del personaje. 

La única nota negativa de ese Batman: Vampiro se la lleva la rotulación de los cuadros de pensamiento de Batman, en una tipografía caligráfica y muy pequeña que dificulta bastante su lectura, pero que no lastra en exceso a una obra por otro lado sobresaliente.

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