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por Antonio Martínez Tortosa

Una de las diferencias fundamentales entre Estados Unidos y Europa se observa en la forma de entender la obra de arte y su producción. En los primeros, proliferan los talleres literarios y de escritura creativa; allí nadie encuentra raro asistir a un curso donde aprender los mecanismos básicos que conforman un relato o una novela. El tema, la trama, los personajes, los diálogos… todos esos elementos pueden analizarse, comprenderse y ensamblarse hasta dar cuerpo a una narración.Podría decirse que allí predomina una visión mecánica o utilitarista de la escritura. Escritores tan famosos como Chuck Palahniuk han salido de algunos de esos talleres, impartidos por gente como Tom Spanbauer. Por no hablar del Iowa Writers’ Workhop, por donde han pasado Philip RothLouise Glück  y otros quince premios Pulitzer.
A este lado del Atlántico la cosa es distinta; es difícil desprenderse de la visión del Autor solitario, que crea su Obra bajo la luz directa de la Inspiración —así, todo en mayúsculas—. En oposición al utilitarismo estadounidense, aquí se defienden una postura idealista y el carácter innato de la creación. Reconozco que esta imagen de opuestos es algo reduccionista, pero también es ilustrativa.

Lo que resulta más curioso, entonces, es la cantidad de materiales que existen en torno a la creación literaria, que van desde el Cómo se hace una novela de Unamuno hasta el Leer poesía, escribir poesía de Gil de Biedma, y solo por mencionar autores españoles de prestigio. Porque si la narrativa ya parece difícil de aprender, la poesía ya se cree imposible. En ese sentido, el segundo volumen del Método fácil y rápido para ser poeta de Jaime Jaramillo Escobar, recién publicado por la editorial Pre-Textos, merece cierta atención. Quien espere encontrar un método fácil y rápido para ser poeta lo tiene crudo, incluso en este libro. Hay tres grandes ironías en el título, porque no estoy seguro de que se trate de un método —desde luego no lo es en un sentido tradicional, ya que no hay ejercicios ni nada que permita observar los avances y las mejoras en la práctica de la escritura— y, si lo es, ni es fácil ni es rápido. Entre las dos posturas que mencionaba antes, Jaramillo se sitúa en algún punto intermedio, aunque más próximo al lado europeo. Este Método tiene como origen los talleres literarios que se imparten desde 1985 en la Biblioteca Piloto de Medellín, pero aquí no hay exposición de técnicas literarias, ni de recursos estilísticos. Tampoco hay una revisión histórica ni por estilos —aunque repasa el valor de las vanguardias, de las que el autor formó parte como el nadaísta X-504—, ni análisis crítico de la obra de ningún poeta —aunque se menciona a más de uno—.

Entonces, ¿qué se encuentra en este volumen? Cincuenta secciones breves no numeradas y terminadas con varias citas de autores célebres, en las que el poeta colombiano plantea una mezcla entre teoría literaria y consejos creativos, y donde caracteriza la poesía más allá de sus aspectos formales. Porque la poesía no se encuentra en los versos; es una cuestión de percepción y de sensibilidad, no de escribir endecasílabos. Según Jaramillo, el poeta tiene algo de loco y algo de místico. Su método se dirige al nivel más básico de la escritura y, por extensión, de la creación artística. El propósito de esta obra no es proporcionar recursos, ni librar a quien pretende escribir del trabajo ni del esfuerzo que exigen las artes. El mismo Jaramillo lo advierte: «la poesía se obtiene por decantación». A escribir no se aprende en ningún taller, ni a través de ningún método. A redactar, sí. Cualquiera puede dominar la rima y el ritmo sin que eso convierta sus escritos en poemas.

La base de la poesía —y Jaramillo no lo dice en ningún momento, pero queda claro que se refiere a la poiesis griega, a la creación artística— se encuentra en la sensibilidad, y a ella se dirige su método. Afilar, pulir la mirada y, sobre todo, enseñar a leer como paso previo a la escritura; eso sí puede hacerse, y eso es lo que encontramos en este Método fácil y rápido para ser poeta. Por tanto, el público de esta obra no se agota en quienes pretenden ser poetas, sino que incluye a toda persona con interés por la literatura y por la creación en general. El sentido del humor y la ironía con los que Jaramillo expone ideas serias hacen la lectura entretenida además de didáctica. Poco más se le puede pedir.

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