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por Pep Gimenez

El punk rock en España siempre nos ha regalado excelente bandas que, siguiendo el legado del sonido Ramone, han sabido combinar guitarrazos furiosos, canciones de velocidad ultravitaminada y melodías pop. Un escena de la que han surgido formaciones como Los Nikis, Los Vegetales, Shock Treatment, DDT, Airbag, F.A N.T.A o Waldorf Histeria, y que, en este 2016, ha vivido el regreso de uno de sus grupos más veteranos y queridos:

Los madrileños Fast Food son los firmantes de excelentes discos como “Soy un Ramone” (Punch Records, 1997) o un “Electric Romance” (Rumble Records / CB Records, 2008) que contiene una de mis canciones favoritas de punk pop escrito en castellano (“Cuando suene Buddy Love”); y ahora, dos años después de publicar “Antipodes EP” (Rufus Recordings / SP-Records / CB Records, 2014), la banda liderada por Javi FastFood vuelve con “Sinfonía de Frustración” (Monster Zero / SP-Records / CB Records), un álbum que ha contado con la producción de Javier Pelayo (DDT, Acusicas), y el trabajo en la batería de Luis Begutus (Sugus) y en el bajo de Dani Fields (Rollercoaster Kills); además de colaboraciones tan especiales como las de Adolfo y Pepillo de Airbag, Astray (Boomer) o She Lux (Asiatics / X-Prays).

Nos encontramos ante un ecléctico disco con múltiples caras: desde el punk rock crudo y de rabia desatada que transmiten “Insatisfacción garantizada” o la canción que da título al álbum hasta el power pop luminoso de “Al Este del Edén” y “Marzo” (cuyas melodías nos recuerda a los mejores Parasites o Bum);  pasando por el veloz hardcore que escupen las vertiginosas “Jimmy Pinball” o “La Peste Crew” (ambas herederas de la contundencia sonora de Black Flag y Cerebros Exprimidos).

Además, dentro de “Sinfonia de Frustración”, nos encontramos con canciones que podemos situar dentro de las coordenadas del sonido ramone: la preciosa (y emotiva)  “Apartamento #7” o la enérgica urgencia que desprende “Dramarama” son hijos perfectos de la discografía del grupo de Forest Hills. Aunque, por otra parte, la influencia de la década de los 60 cobra un especial protagonismo en “Dancin´with a Watermelon” (garage rock de espíritu nuggets) o un “E-mail confidencial” cuya inmediatez pop encajaría perfectamente en los primeros (y mejores) discos de Los Beatles.

Por ultimo cabe destacar los 11 minutos de “East Side Story”, el tema con el que finaliza el álbum, y que es toda una mini-opera-punk donde van sucediéndose distintas melodías en un ejercicio musical similar al que intentó Weezer con “The greatest man that ever lived”, pero con resultados muchísimo más interesantes (y fascinantes) que los conseguidos por la banda de Rivers Cuomo. Un canción que demuestra las grandes cualidades de Fast Food, un grupo que, poco a poco, ha sabido trascender los límites impuestos por un género tan querido (pero también con algunos inconvenientes) como es el punk rock.

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