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por Pep Gimenez

Los 80 nos solo fueron pop comercial y nuevos románticos, aquella época también fue el despertar, en ambos lados del atlántico, de lo que hoy conocemos como rock alternativo. Y dentro de ese increíble mundo de sellos independientes, y chavales sacando oro puro de sus desgastados Rickenbackers, hubo una serie de grupos que se convirtieron en referentes de la época: The Smiths, Sonic Youth…Mientras que otros se tuvieron que conformar con ser un fascinante secreto sonoro con maravillosas canciones y discos a reivindicar.

En Australia surgió un grupo que acabó siendo responsable de algunas de las composiciones más bellas de la historia del pop, y de paso ejercería una influencia fundamental para un montón de bandas posteriores (Belle and Sebastian, The Lucksmiths…). Esta formación, además, se encuentra dentro de un exclusivo club de grupos en cuyas filas militaron, no uno, sino dos genios a la hora de componer…

Marcos Gendre, uno de los responsables de la web La Zancadilla y autor de excelente libros dedicados al britpop o al punk, acaba de publicar “The Go-Betweens: necesito dos cabezas” (Libros de Kirlian, 2016): un completo repaso a la historia y discos del grupo australiano que estuvo liderado por Robert Forster y Grant MacLennan, posiblemente dos de los mejores talentos de la década de los 80 a la hora de componer, y cuya compenetración y rivalidad ayudaron a construir una de las discográfica más fascinantes de aquellos años.

En el libro se nos detalla algunas de las claves que transformaron al grupo australiano en un banda muy especial: sus comienzos en una ciudad como Brisbane tan conservadora pero a la vez llena de posibilidades culturales, la fuerte amistad de sus dos líderes y las relaciones sentimentales que mantuvieron con otros dos componentes de la banda (Lindy Morrison y Amanda Brown), el viaje a Londres con el que entablaron contacto con importantes representantes de la escena (Oranje Juice, Postcard Records), sus vínculos con otras bandas de su país (Triffids, los Birthday Party de Nick Cave), su mala suerte con la discográficas (cambiando de sello con cada nuevo disco)…

Y la eterna comparación que tuvieron que sufrir con The Smiths: ambos grupos llegaron a compartir sello discográfico (Rough Trade), y se convirtieron en las dos caras de la moneda dentro del indie de los 80; mientras que el grupo liderado por Morrisey y Johnny Marr disfrutó de las mieles del éxito, The Go-Betweens tuvieron que resignarse a ser un grupo cuya belleza melódica era solo conocida por unos pocos.

“The Go-Betweens: Necesito dos cabezas” es un libro que todo fan, no solo de la formación australiana sino también de ese maravilloso invento que es el pop, debería tener. Si aún te emocionas cuando la aguja del tocadiscos acaricia el vinilo y comienzan a sonar todos tus sentimientos, entonces, no lo dudes, debes sumergirte en las páginas de un profundo estudio que nos conduce a los prodigios de un legado musical único e irrepetible.

2 canciones:

Cattle and Cane (Before Hollywood, 1983)

Todo el mundo piensa que el himno definitivo del indie de esa década es “This Charming Man” de los Smiths, pero “Cattle and Cane” podría disputarle ese título perfectamente: pop celestial que bucea entre los recuerdos infantiles de Grant MacLennan, y una lección de cómo unir pasado y futuro a través de un inmortal puente sonoro (en un extremo del camino The Bryds saluda a los Spinto Band de “Oh, Mandy” y al “Christmas Island” de Lake (sí, es la canción con la que terminan todos los capítulos de “Adventure Time”).

Love goes on! (16 Lovers Lane, 1988)

Durante el mismo año que Pixies o My Bloody Valentine editaron algunos de sus mejores discos, los australianos publicaron toda una obra maestra gracias a “16 Lovers Lane” (Capitol Records), el cual comienza con todo un torrente de emoción melódica llamado “Love goes on!”. Estamos ante una canción cuyo interior encierra una delicada melancolía entre sus notas, y  no nos extrañaría nada que tanto Michael Stipe como Stuart Murdoch la tuvieran presente para crear discos como “New adventures in Hi-Fi” (Warner Bros. Records, 1996) o “The boy in the arab strap” (Jeepster / Matador, 1998).

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