9788439731436

por Antonio Martínez Tortosa

Por si aún queda alguien que no la conozca, Virginie Despentes es una novelista, ensayista y directora francesa. Junto a Coralie Trinh Thi, en 2000 adaptó al cine su propia novela Fóllame, publicada unos años antes. La lió parda. En primer lugar, porque las dos actrices protagonistas se dedicaban al porno. En segundo lugar, por las escenas de sexo no simulado. En tercer lugar, por la propia historia. Dos muchachas, una prostituta y una actriz porno víctima de violación, se conocen por casualidad y deciden huir juntas, follándose y asesinando a todo quien se cruza en su camino. Imaginad una Thelma & Louise violenta y salvaje, un relato femenino en el que dos jóvenes se hartan de soportar la crueldad que reciben como mujeres, como francesas de origen árabe y como pobres, y deciden devolverla aceptando que no se librarán de las consecuencias. La película recibió críticas feroces por su contenido, llegando a ser prohibida en Ontario y a ser clasificada como X en Francia durante un tiempo.

Pero la trayectoria de Despentes no queda ahí, ni se libra de la controversia. Ha escrito más novelas y dirigido más cine. En 2009 rueda Mutantes: feminismo porno punk, un documental cuyo título resulta bastante indicativo y que gira en torno a los movimientos queer y posfeminista en Estados Unidos, Francia y España, a la violencia institucional y simbólica ejercida contra los cuerpos de las mujeres, a la violación —que ella sufrió a los 16 años—, al trabajo sexual —que ejerció durante un tiempo—, a las divergencias de género… Son los mismos temas que aparecen en su único ensayo hasta la fecha: Teoría King Kong.

Todo este universo vuelve a aparecer en Vernon Subutex 1, el primer volumen de una trilogía ya publicada en Francia y que nos trae Random House a los lectores en castellano. Hay dos acontecimientos traumáticos que ponen en marcha la acción de la novela. El primero de ellos es la muerte por sobredosis de Alex Bleach, un cantante de rock que fue el único de su entorno en lograr el éxito. El segundo es el desahucio de Vernon, antiguo dueño de una tienda de discos donde Alex descubrió el rock y al que el cantante pagaba el alquiler de su piso. Vernon es un ejemplo de los cambios profundos que ha sufrido la economía en el cambio de siglo. Su negocio le daba cierta posición en el mundillo, pero el hundimiento de la industria musical acaba con él y con su única fuente de ingresos. Durante un tiempo, sobrevive subastando por Internet los discos y el resto de cosas que conserva de la tienda. Pero esa precariedad le lleva poco a poco a dejar de quedar con sus amigos para bajar al bar, para salir a cenar… Ver gente implica gastar un dinero que no tiene, por lo que termina recluido en casa. Hasta que le echan. Le da tiempo de recoger cuatro cosas —entre las que se encuentran tres cintas donde Bleach se entrevista a sí mismo, como una especie de testamento—, meterlas en una bolsa de deporte y salir a las calles de París.

A través de Facebook contacta con antiguas amantes y viejos amigos en busca de un lugar donde pasar alguna noche. De este modo, aparece una galería de personajes que incluyen a un guionista de derechas que no ha logrado un contrato en décadas, a un productor de cine obsesionado con su imagen pública, a un hombre transexual que fue actriz porno, a un maltratador que fue bajista en la primera banda de Bleach o a una especialista en manipular reputaciones online que se hace llamar la Hiena. Lo sorprendente es la capacidad que muestra Despentes para meterse en la lógica interna de cada personaje. Sin juzgarles, nos hace entender sus contradicciones, sus traumas, por qué actúan como lo hacen, y por qué quienes les rodean sí les juzgan e interpretan sus acciones de forma distinta. Todo ello está narrado con un estilo sencillo y directo que no huye de mostrar la suciedad del mundo. Porque, en definitiva, se trata de un retrato generacional fascinante, que saca a la luz las obsesiones y las neurosis a las que se enfrentan quienes creyeron que sus vidas serían, si no felices, al menos interesantes, y han visto sus expectativas destruidas por una crisis financiera y política atroz. No solo eso, sino también por las relaciones personales, que dejan huellas indelebles. La propia Despentes reconoce en un momento que «pasados los cuarenta, todo el mundo parece una ciudad bombardeada».

Cada uno a su modo, Vernon y Alex representan los temores y las ansiedades de los franceses cuarentones y cincuentones de clase media. El cantante, porque demuestra que incluso los sueños cumplidos pueden, en ocasiones, convertirte en alguien tan infeliz que es incapaz de disfrutar de su éxito. El vendedor de discos, porque encarna la posibilidad aterradora de perder el trabajo, la casa, los amigos, el amor; todo lo que se supone que hace una vida feliz o, como mínimo, vivible. A Vernon no le pilla por sorpresa, que termine en la calle se veía venir. Pero ese detalle no quita para que sea una consecuencia inevitable de sus circunstancias. No todo es achacable a las malas decisiones, y previsible no implica prevenible. Por eso si situación resulta tan terrible. Y tan real.

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