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por Guillermo Beltrán

Adrian Tomine es uno de los autores más respetados del panorama del cómic independiente norteamericano. La publicación de obras tan interesantes como “Sonámbulo”, “Rubia de verano” o la novela gráfica “Shortcomings”; así como sus colaboraciones para el semanal The New Yorker, han hecho de Tomare un auténtico maestro de la narrativa secuencial. Dueño de un estilo claro y conciso, en el que las historias costumbristas y cercanas son el vehículo perfecto para radiografiar el alma humana, con su trazo limpio es capaz de desarrollar unos relatos que ahondan en las relaciones personales, los sin sentidos de la vida o la ironía de los avatares del destino.

En “Intrusos” nos presenta seis historias cortas en las que Tomine explora las aristas más incómodas y obsesivas de las relaciones personales; cada una bajo un tono y estilo diferente, pero compartiendo ese amargo regusto a fracaso y desasosiego. El tomo arranca con ‘Una breve historia del arte conocido como «Hortiescultura»’ un ligero y cómico relato centrado en cómo el jardinero Harold intenta elevar su trabajo a la categoría de arte, creando una singular y controvertida manera de unir la escultura con las plantas. Narrado en formato de tira cómica diaria, con especial “dominical” en color cada siete, el autor se sirve de los tics y gags visuales de estas historietas ligeras para presentarnos los momentos esenciales de un pequeño drama humano. Vemos como la presunta obra artística de Harold no hace más que deparar frustraciones e incomprensión para él y su familia, creando situaciones hilarantes tras las que se esconden peliagudas reflexiones sobre nuestros anhelos de trascendencia, la vulnerabilidad a las críticas o el ego. Le sigue ‘Amber Sweet’, la historia de una joven que sufre la desgracia de ser idéntica a una actriz porno. Aquí muestra como algo tan azaroso y ajeno como una semejanza física puede arruinar la existencia de un ser humano. En esta ocasión juega con maestría la baza del punto de vista, ya que la narración, aparentemente lineal y en primera persona, adquiere una sensación diferente al conocerse la relación entre el narrador y el oyente. A continuación tenemos ‘Vamos, búhos’, una tremenda fábula sobre una pareja marcada por el alcoholismo y un presente caótico. Vemos a dos personajes desesperados, necesitados de amor, sobre los que la sombra del fracaso y la violencia sobrevuela constantemente. El sobrio uso del color realza la sensación de derrota que se destila en cada viñeta, haciendo de esta historia una experiencia absolutamente sobrecogedora.

Para ‘Traducido del japonés’, el dibujante cambia de registro para presentarnos el diario de viaje entre Japón y Estados Unidos, contado por la voz en off de una madre a su hijo recién nacido. La estructura del relato se cimienta a través de una serie de imágenes fijas a todo color, de una gran belleza, minuciosas en el detalle y en las que evita escrupulosamente las figuras humanas. Posteriormente llega la que, tal vez, sea la más inspirada de todas las historias aquí presentadas. Con el título de ‘Triunfo y tragedia’, el autor desgrana las vicisitudes de una familia cuya hija quiere probar suerte en el mundo de la comedia, aunque no tenga ninguna actitud para ello; esto desemboca en una serie de situaciones que enfrentan la actitud realista y protectora de un padre cargado de paciencia y el deseo natural de la madre de apoyarla en su decisión. Sin embargo, lo más interesante de este relato es la sutileza con que Tomine representa el paso del tiempo de una viñeta a otra y apunta con simples detalles y fuera de foco la verdadera tragedia que padece la familia. Cierra el libro la historia que le da título, ilustrada en un dramático blanco y negro que crea una desasosegante atmósfera, ideal para relatar las vivencias de un hombre que se cuela en la casa que habitó hace tiempo para acabar en una espiral de malas decisiones.

Con “Intrusos”, Adrian Tomine demuestra su fortaleza como narrador, amén de su buen pulso a la hora de mutar de estilo; presumiendo de bagaje emocional y de unas influencias pictóricas que van de Chris Ware a Daniel Clowes, pasando por David Mazzucchelli o Jaime Hernández. El resultado es una obra descomunal sobre las miserias cotidianas de la vida actual y las contradicciones del ser humano.

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