Tantos días felices

por Pep Gimenez

Podemos considerar la comedia neoyorquina como un género en sí mismo: jóvenes urbanitas que se enfrentan a los típicos problemas de la edad adulta, con una buena mezcla de sátira, sarcasmos e ingeniosos comentarios mientras se enamoran en Central Park u observan el puente de Manhattan. En realidad estamos muy  influenciados por las historias que suceden en la ciudad de los rascacielos, y nuestro imaginario está lleno de cómicos judíos disertando sobre la vida o el amor, series de Tv que reflejan la vertiginosa vida en la gran urbe, y pequeños relatos cuyo ingenio nos recuerda a la época dorada de la comedia hollywoodense.

Dentro de ese maravilloso universo existen autores que aún no han sido lo suficientemente reivindicados, y cuyas obras están a la espera de ser descubiertas por el público, uno de estos casos es Laurie Colwin, cuya elegante prosa, llena de agudos comentarios sobre la clase media-alta neoyorquina,  contribuyó a que muchos la consideraran un magnífica heredera de Jane Austen. Entre todas su obras destacan novelas como “Shine on, bright and dangerous object” (1975) o “Family happpiness” (1983), además de libros de cuentos (por ejemplo, “Another marvelous thing” publicado en 1988) e incluso varios ensayos sobre cocina.

Libros del Asteroide ha publicado uno de los mejores libros de la autora: “Tantos días felices”, donde se nos relata las alegrías y desventuras emocionales de cuatro habitantes de Nueva York: por un lado tenemos al romántico empedernido (y con un carácter, un poco, dramático) Guido, y por otro a su primo Vincent, mucho más alegre y abierto. Ambos se enamorarán, respectivamente, de Holly (una mujer perfeccionista y de impecable seriedad) y de la desconfiada y, algo misántropa, Misty. El choque entre las cuatros personalidades es uno de los elementos fundamentales de esta historia, además de ofrecernos diálogos y momentos lleno de ingenio y buen humor.

Nos encontramos ante una brillante obra capaz de recordarnos al mejor Woody Allen (“Annie Hall”, “Manhattan”, “Hanna y sus hermanas”), aunque su espíritu también estaría cerca de películas como “The Royal Tenenbaums” (2001) de Wes Anderson, o, incluso de una serie, en apariencia, tan distinta al libro de Laurie Colwin como “Seinfield” (cuyos protagonistas también comparten reflexiones y neuras en torno a sus problemas con el amor). La época dorada de la comedia clásica Hollywoodense también parece estar presente en “Tantos días felices”: La deslumbrante agilidad y perspicacia que encierran sus párrafos podría ser considerada una excelente heredera de “Historias de Filadelfia” (George Cukor, 1944), “La fiera de mi niña” (Howard hawks, 1940),  o “Sucedió una noche” (Frank Capra, 1934); cada página del libro exuda una magia, que no se ha perdido en su traducción al español, gracias al excelente trabajo de Marta Alcaraz, responsable de la traducción de otros títulos (“Canciones de amor a quemarropa”, “Personajes secundarios”, “Retratos de Will”).

La trama se completa con la aparición de numerosos personajes secundarios que aportan una apropiadas gotas de humor absurdo: desde el desenfrenado y jovial tio Bernie hasta la silenciosa Doria Mathers pasando por Denton McKay, el despistado jefe de Misty…Todos ellos contribuyen a hacer aún más divertida una exquisita comedia que, a su vez, enamorará a los lectores con ganas de conocer a su cuarteto protagonista (Guido, Holly, Vincent y Misty).

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