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por Pep Gimenez

¡Ohhhh el Britpop!, ¿Quién no recuerda la cara de listillo de Damon Albarn en el videoclip de “Charmless Man?, ¿o las cejas de Los Hermanos Gallagher sobrevolando Benicassim?, ¿o los bailecitos de Jarvis Cocker en pleno éxtasis de “Common People”?, ¿o a The Boo Radleys poniendo banda sonora a nuestro desayuno?. Todos contribuyeron a una fiesta que empezó con alegría: himnos creados para mojar en cerveza (y champagne), nuevos dioses de la “Cool Britannia”, y muchas ganas de machacar al “Enemigo Americano” (ese que llevaba camisas de franela y cantaba sobre lo jodido que es su mundo interior). En fin, todo este asunto terminó con los implicados barriendo los trozos rotos y escondiéndolos debajo de la alfombra, mientras fingían que nada había pasado.

Marcos Gendre, autor  de “El Punk en 200 Discos: De Los Ramones a La Banda Trapera del Río” (Quarentena Ediciones, 2014), tiene una historia que contarnos: hay héroes elegidos para devolverle la gloria a la cultura pop británica, y genios incomprendidos que se atrevieron a  mirar más allá de las posibilidades del revival creado (y por lo tanto fueron injustamente olvidados)…También hay villanos con acento extranjero (necesarios para dar impulso a ese sentimiento nacional que todo hijo de la Gran Bretaña debe tener en su interior), y momentos de euforia desmedida combinados con “dramáticos” duelos para saber quién es el rey de la escena musical de Inglaterra…

“Britpop: La vida Moderna es una Basura” (Lenoir Ediciones, 2015) es posiblemente la mejor crónica hecha en nuestro país de aquel movimiento que descubrió a Blur, Suede u Oasis: Marcos Gendre radiografía con entusiasmo y sensatez lo que de verdad ocurrió durante aquellos días: términos como “Cool Britania” o “New Wave of The New Wave” fueron impulsados por una prensa que necesitaba crear, a toda costa, una novedosa corriente musical eminentemente británica que le plantara cara al poderoso Grunge, y de paso contribuyera a descubrir nuevas estrellas para ser adoradas por la juventud de la época. Sin embargo el retrato que se hace del Britpop en el libro tampoco es muy negativo: a pesar de todo se compuso alguna que otra obra maestra (“Different Class”), y aparecieron grupos y autores que fueron capaces de articular un discurso personal y diferente (Luke Haines, Shack, Kenickie).

El autor también acierta en situar el comienzo del Britpop (o, por lo menos, una de las primeras semillas que hizo germinar el movimiento) en la locura de Madchester a finales de los 80, y, sobre todo, en el triunfo y posterior caída de The Stone Roses, el grupo que marcó algunas de las pautas que formaciones como Oasis o Elastica abusarían con (seamos sinceros) excelentes resultados: el respeto (y obsesión) por las corrientes musicales de “tiempos mejores” (Beatles, David Bowie, Morrisey…Aunque se depreció el rico legado de la Música Negra) o una increíble (y arrogante) confianza en sí mismos y en sus posibilidades musicales (algo que fue perfecto para crear polémicas en los tabloides, rellenar portadas y darle un poco de salsa a las entrevistas).

En cuanto a los protagonistas del movimiento, el libro los retrata, de forma inteligente, cuando estos decidieron utilizar los logros musicales de épocas pasadas para impulsar sus discursos: Oasis se obsesionaron con los Beatles y creyeron ser los verdaderos representantes de la clase obrera, Suede recogieron el testigo del Glam Rock y The Smiths para ofrecer una música que respiraba cierto hedonismo y sexualidad (y que llegó a su punto culminante con “Dog Man Star”), y Blur se convirtieron en observadores de la clase media (londinense) con un punto satírico e irónico que recordaba a Ray Davies. Sin embargo el único grupo de la generación Britpop que recogió el legado musical inglés para convertirlo en algo nuevo y fascinante fue Pulp: Jarvis Cocker no solo se miró en el espejo de Morrisey, también consiguió invocar al Krautrock y al Synthpop de Ultravox en sus canciones; y, sobre todo, fue mucho más que uno de los más agudos retratistas del modo de vida británico que ha existido nunca (casi tan bueno como Elvis Costello), porque era capaz de hacer que nos identificáramos con los pobres desgraciados que protagonizaban sus historias….En el fondo, Javis Cocker no solo es un excelente narrador, también es un nerd pringado como nosotros.

“Different Class” (Island Records/Polygram, 1995) acabó siendo la obra de más valor e importancia en una corriente musical que no permitió propuesta más radicales y originales (The Auteurs, Stereolab), aunque cumplió a la perfección su cometido de vender una nueva generación de grupos a los jóvenes británicos. Por otra parte, la felicidad no duró mucho: la absurda guerra “Oasis vs Blur” y la apropiación del movimiento por parte del gobierno de Tony Blair llevaron a la muerte del Britpop y, a la irrupción de una escena musical totalmente diferente donde Radiohead, un propuesta alejada de los cánones de la “Cool Britannia”, se convirtió en el nuevo rey del indie en Inglaterra.

“Britpop, la vida moderna es una basura” acaba siendo un documento revelador y certero de una época tramposa y con varias titiriteros confundiendo al público para sacar más tajada del negocio montado. Pero es justo reconocer que, también, se crearon un montón de emocionantes himnos (“Live Forever”, “Girls and Boys”, “Common People”) que aún seguimos cantando borrachos cada vez que suenan en nuestro Pub favorito….No está mal, por lo menos, es mucho mejor que aguantar a los pelmazos de Coldplay.

5 grupos a reivindicar

World of Twist

Con sus ropajes victorianos, esta banda de Sheffield se adelantó, en 1991, a todo la locura que vendría después: su único disco “What if” (Circa), miraba al recién acabado Madchester y a un Glam rock de bajos fondos, aunque, por otra parte, también se dejaba influir por el ímpetu vitalista de una corriente tan maltratada como el Northern Soul. World of Twist podrían haber sido los hermanos (aún más raros) de sus paisanos Pulp.

Shack

Normalmente cuando se habla de los grupos que han “inspirado” a Oasis se suele recalcar a los Beatles y otros nombres como The La´s, aunque una influencia fundamental que casi nunca se menciona es Shack, proyecto de los hermanos Head (The Pale Fountains) que mereció un mayor reconocimiento: debido a la mala suerte la publicación de su excelente “Waterpistol” (Marina Records) se retrasó hasta 1995, un año en el que el triunfo de Oasis, Blur y Pulp hizo que nadie se fijara en canciones tan bonitas como “Undecided”:

Denim

¡Prepárense que aquí llega Lawrence Hayward y su Novelty Rock!. El que fuera líder de Felt llegó a la conclusión de que la escena musical británica necesitaba un regreso al Glam Rock más divertido y extravagante: vestidos estrafalarios, purpurina y melodías pegadizas que anticiparon la llegada del Britpop. Desgraciadamente nadie le comprendió, y todos miraron a Denim como si fueran extraterrestres recién llegados al planeta tierra…Peor para ellos, se perdieron una buena fiesta:

Shampoo

En el capítulo “Mujeres contra la Lad Culture”, Cesc Guimerà nos habla de aquellas bandas femeninas que heredaron el ímpetu de las Riot Grrrls y lucharon contra el machismo dominante en la escena musical de la época. Entre esas formaciones destaca a Shampoo, un grupo que debido al éxito de “Trouble” y a la apropiación de las Space Girls de uno de sus lemas (“Girl Power”) nunca ha sido suficientemente valorado. Pero Jacqui Blake y Carrie Askew fueron mucho más valientes e inteligentes que la mayoría de coetáneas, porque representaron a una mujer joven de la clase obrera alejada de los estereotipos, y, sobre todo, porque su “We Are Shampoo” (I.R.S Records, 1994) es un fascinante monstruo de Frankenstein donde cabe Punk Pop, Disco e incluso temazos de Indie Rock como este “Saddo” que no desentonaría en un disco de Bikini Kill o Huggy Bear:

Stereolab

Paralelamente al triunfo del Britpop, existieron otras bandas que fueron apartadas de los grandes titulares o no se les hizo mucho caso debido a que sus influencias y sus objetivos musicales eran, diametralmente, opuestos a todo lo que triunfaba en las islas durante aquellos años. En la “Generación Perdida” del Post-Rock encontramos formaciones como Bark Psychosis, Laika o Moonshake; pero dentro de esta heterogénea corriente siempre destacaron Stereolab: un magnifico grupo que recuperó la valentía del Post-Punk (Public Image Ltd., Wire) y la encerró en maravillosas perlas de Pop Retrofuturista.

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