Data da foto: 1968 Arnaldo Baptista, Rita Lee e Sérgio Dias Baptista, do conjunto Os Mutantes.

por Jorge de Frutos

En la línea del debut de Gilberto Gil, pero exasperando todavía más las aristas vanguardistas y de ruptura, llegó el disco también homónimo de Os Mutantes; tal vez el que muestra una mayor mimo en la post-producción de todos aquellos surgidos a la sombra de Duprat (que, tenemos que recordar, estudió en la ciudad alemana de Darmstadt, hervidero de experimentaciones que sacudieron la música clásica hasta derivar en el nacimiento del dodecafonismo). El grupo, fuertemente influenciado por Zappa, estaba formado por un trío compuesto por el guitarrista Sergio Dias Baotiste, su hermano Arnaldo, bajista y batería, y la cantante Rita Lee. Las composiciones se ven erizadas por silbidos de sirenas, fragmentos vocales reproducidos a la inversa o sonidos de máquinas de coser amplificados hasta resultar infernales.

1969 comenzó con una exhibición colectiva en el Teatro Castro Alves que supuso la despedida de Gil y Veloso, que prefirieron poner tierra de por medio debido a la presión de los militares. Estos músicos también buscaban nuevos aires e influencias, y llegaron a Londres tras pasar por Lisboa. Gil tocó en locales con David Gilmour de los Pink Floyd, e incluso llegó a grabar un disco, híbrido entre la tradición de Brasil y la música hippy, con composiciones como “Volkswagen blues”; Veloso, en cambio, siguió los pasos del cantautor folk Donovan en la lisérgica “London London”.

Tres años más tarde, cuando los militares estaban más seguros y el pop no parecía suponer ya una amenaza, Gil y Veloso decidieron regresar de su exilio para continuar su ascensión en el panorama internacional (Gil trabajó con el jamaicano Jimmi Cliff, componiendo temas con él). Fue el período de discos como “Juntos” o “Ao Vivo”, donde el entrelazamiento de lo antiguo y lo moderno era vivido con pasión y lucidez por artistas como Chico Buarque.

Al mismo tiempo Milton Nascimento sí se ocupará de provocar fisuras en un símbolo nacional que curiosamente no había sido tocado por los tropicalistas hasta el momento: el fútbol, el equipo nacional, orgullo declarado del gobierno dictatorial. Y lo hará con una de las pocas composiciones a ritmo de samba de su repertorio, la canción “Aquì è o pais de futebol”. En el texto se manifiesta una visión del fútbol convertido en anestésico nacional, distrayendo al pueblo de los problemas individuales y colectivos. Como acostumbraban a hacer los tropicalistas, Milton no realiza un juicio de valor agresivo, simplemente deja en evidencia esta realidad: será el oyente el que tenga que sacar sus propias conclusiones.

En enero de 1972 Veloso apenas había abandonado Londres, y ya se preparaba para un nuevo paso en su evolución. En concreto, fue el contacto con la cultura africana el que le hizo redescubrir el placer del baile: la sonoridad de algunas de sus composiciones reconquistan una fascinación atávica.

Pero el verdadero histrión del movimiento fue Antonio José Santana Martins, conocido como Tom Zé, pupilo de Ernst Widme (discípulo de los compositores Bela Bàrtok e Ígor Strawinski), menos dado a los viajes, más enraizado en la realidad de su entorno, con una discografía accidentada como pocas. Tradiciones antiguas y sonoridades atrevidas se ven  filtradas en su obra por una sensibilidad admirable, capaz de convocar en una misma canción las atmósferas brumosas del jazz y el misterio de los bosques amazónicos, la rabia por la falta de pan y el vuelo metafísico, el humorismo experimental y las viscerales resonancias populares. Hoy nos queda el infalible gusto melódico de un espíritu libre que paseaba por el filo peligroso que une el pop occidental y las raíces brasileñas, unidas por el vértigo de la experimentación.

Celebrado por sus mismos paladines Veloso y Gil en “Tropicalia 2” (en 1993, con motivo del 25 aniversario del movimiento, después de que Brasil volviera a tener un gobierno democrático); relanzado por la compilación “Tropicalia A Brazilian Revolution In Sound”, homenajeado por artistas internacionales como David Byrne, Arto Lindsay o Beck (que en 1998 dedicó “Mutations” a Os Mutantes), el Tropicalismo queda como una verdadera rebelión que todavía ilumina, en palabras y música.

Foto: J. Ferreira de Silva

Artículo aparecido originalmente en la web de La Colina 45

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